Luces en la penumbra: Wolfgang Wodarg

Inauguramos hoy en ALO una serie de entradas titulada «Luces en la penumbra» en la que recuperamos las voces de científicos/as silenciados/as por las instituciones de la Ciencia hegemónica del momento; nuestros Galileos modernos. Hombres y mujeres que están arriesgando sus carreras profesionales, su prestigio y seguramente también sus vidas por develar las fabricaciones y mentiras y por denunciar los dogmas sobre los cuales se ha construido la Nueva Normalidad instalada en la estela del fenómeno Covid 19.

Galileo Galilei durante sus observaciones astronómicas

A modo de introducción

«¡Sol, detente sobre Gabaón y tú, Luna, sobre el valle de Ayalón!». Esta frase bíblica fundamenta y sintetiza el debate científico de los siglos XV y XVI. ¿Qué pasaría con la fuente de la verdad autorizada en plena Contrarreforma fundamentalista, si fuera la Tierra y no el Sol quien estuviese en movimiento? Siendo la Biblia una fuente incontrovertible de datos científicos, todo su contenido no podía sino ser cierto y por lo tanto sus refutadores serían dignos de juicio y, cuanto menos, de excomunión. Sobre esta base dogmática geocéntrica, no fue difícil conjurar, Inquisición mediante, las tesis heliocéntricas formuladas por Copérnico y Kepler y defendidas por un vehemente Galileo que, censurado e impedido de impartir enseñanza ya en 1616 por relatar sus hallazgos en base a la observación astronómica, fue obligado veinte años después a abjurar de sus convicciones y escritos.

Ahora bien, ¿qué pasaría hoy si en el año 0, inaugural, de esta era pandémica, resultase que no hubiera existido sobremortalidad alguna y si, en caso de haberla habido en algunos países y períodos determinados, no pudiera esta asociarse a la enfermedad llamada Covid 19, sobre la base de evidencias comprobables y contrastables? ¿Sería siquiera posible dudar en el actual estado del imaginario colectivo de una «verdad» tan absolutamente extendida por parte de centros científicos, políticos y mediáticos y tan manifiestamente asumida sin resistencia efectiva por una mayoría de la población global que vive hoy confinada, enmascarada y con todos sus derechos restringidos? Pues lo cierto es que existe hoy un número minoritario aunque nada despreciable y creciente de científicos que han elevado voces críticas contra la narrativa oficial acerca de la pandemia (NOAP, en lo sucesivo), y que han manifestado sus discrepancias tanto por las vías convencionales como a través de los nuevos medios de comunicación; redes sociales (YouTube, Facebook, Instagram, Twitter, Whatsapp…) que muy curiosamente han sido y son a la vez 1) desacreditadas por los defensores de la NOAP como fuente de contraste de información 2) utilizadas por estos mismos operadores para difundir su intento de descrédito contra los disidentes 3) dejadas como último y único recurso de expresión disponible para la disidencia, al habérsele sido negada cualquier participación en los medios convencionales y 4) al mismo tiempo censuradas por los dueños de esas plataformas, aduciéndose que esos discursos disidentes no son ciertos y que serían susceptibles de causar un daño sanitario y social.

Lo cierto es, sin embargo, que ninguno de esos discursos científicos disidentes 1) ha llamado a desobedecer las infundadas medidas adoptadas por los gobiernos, a pesar de ser discrepantes, 2) se ha basado en datos que no sean oficiales y/o controvertibles, 3) ha sido integrado en la toma de decisiones de ningún país 4) ha sido integrado de manera normalizada en la esfera mediática convencional. Es asimismo evidente y cierto que el llamado bloque de la disidencia es absolutamente heterogéneo en todos los niveles (clases sociales, niveles educativos, ámbitos profesionales, edades, ideologías, credos, orígenes administrativos…) y que al interior de esa disidencia existe una enorme diversidad relativa que se mueve entre motivos (fundamentaciones) y grados de escepticismo absolutamente dispares. Lo cierto también es que los discursos científicos disidentes (y los distinguimos bien de los socialmente extendidos desde toda clase de ideologías, grupos y personas sin formación científica alguna) parten de una actitud genuinamente racional y científica, y que está muy lejos de ser unitaria tal y como pretenden quienes viven ditrecta o indirectamente del nuevo dogma covidiano. Podríamos de hecho y antes de presentar a nuestra primera figura disidente (Wolfgang Wodarg), aventurarnos a anticipar algunas líneas de lo que sería una tipología del escepticismo científico frente a Covid 19 puesto que hay actitudes moderadamente escépticas y actitudes altamente escépticas respecto de la NOAP y/o de alguno de sus componentes, y luego actitudes directamente contestatarias de todo lo narrado y actuado por los poderes públicos y los organismos supragubernamentales. Sólo por dar cuenta de algunas actitudes disidentes de entre todo el abanico, recuperamos algunas de la más relevantes:

  • científicos/as que niegan, a falta de procesos comprobables de purificación y aislamiento, de la existencia de un nuevo patógeno, aunque no nieguen la ocurrencia en marzo, abril y mayo de un pico de mortalidad en algunos países;
  • científicos/as que no dudan de la existencia de un nuevo patógeno, pero sí de la existencia de una nueva enfermedad, distinguible de otras pre-existentes tanto en cuadros clínicos como en las escasas autopsias realizadas a nivel internacional;
  • otros/as que no dudan de la existencia ni del virus ni de la enfermedad, pero que cuestionan radicalmente el pretendido origen zoonótico de la misma;
  • otros/as que sin dudar ni de la enfermedad ni del virus, ponen en duda la extraordinaria letalidad de esta nueva enfermedad y por lo tanto, la falta de proporcionalidad en las medidas adoptadas para toda la población
  • otros/as, como el que presentamos en esta primera entrada de la serie, que no rechazan (al menos públicamente) la existencia de C19 ni de un nuevo patógeno, sino que se centran en su sobre-amplificación política y empresarialmente interesada, así como en la inconveniencia de las respuestas operadas, que vendrían a ser más dañinas para las personas y las sociedades que las amenazas frenta a las que estas medidas actuarían…
  • otros/as que dudando o no de la existencia de C19 y Sars Cov 2, se interesan por analizar otras causas explicativas de los picos de mortalidad que se han detectado en algunos países en algunos períodos…

La tipología que apuntamos no es excluyente entre los subtipos que presenta y no está en absoluto completa, pero da suficiente cuenta de una heterogeneidad no reducible a una categoría (el negacionismo), como zafiamente pretenden los medios de comunicación uniformantes. Constatamos que, lejos de partir de supuestos y de hallazgos comunes, lo único que comparten estos escépticos son dos elementos: su requerimiento de más datos, más voz, más luz y más opciones de controvertibilidad por una parte; y por la otra, el hecho de que todos ellos han sido o son despreciados, censurados y/o descalificados y perseguidos por los valedores de la NOAP, en lo que puede ya ser considerado como un verdadero Tribunal de la Nueva Inquisición que viene desde el mes de mayo tratando de establecer un cordón sanitario informativo, de cerrar toda dialéctica posible, toda controversia y por lo tanto de todo debate científico y social. Este cierre no se ha dado como consecuencia de una refutación de las tesis escépticas o negacionistas de Covid 19 y de una victoria por parte del discurso científico hegemónico (materializado en la NOAP); ha construido su preeminencia en ausencia de un contendor.

Por ello abrimos este espacio de voz, de reflexión y de debate. Porque entre las actuales tinieblas dogmáticas, conviene tener presentes, conocer y al menos comprender los argumentos de aquellas personas que a pesar de poseer trayectorias científicas y profesionales notorias e impecables, han sido excluidas de todo debate y proceso decisional, sus voces acalladas y su prestigio profesional y dignidad personal atacados por simplemente cuestionar las verdadades oficiales del momento. Si algo es aún más preocupante en la oscura época que vivimos que los impactos de las medidas antisanitarias, anticientíficas, antisociales y antieconómicas que se están aplicando en los países occidentales, es sin duda lo que está sucediendo con la Verdad y con las bases y condiciones de posibilidad de la ciencia.

Wolfgang Wodard, el flagelo de las farsemias

Wolfgang Wodarg nació en 1947. Ejerció como internista y médico pulmonar, especialista en medicina higiénica y ambiental, así como en salud pública y medicina social. Después de su trabajo clínico, fue entre otras cosas, funcionario de salud pública en Schleswig-Holstein durante 13 años, al mismo tiempo que profesor en universidades y escuelas técnicas y presidente del Comité de expertos para la protección del medio ambiente relacionado con la salud en la Asociación Médica de Schleswig-Holstein. En 1991 recibió una beca para estudiar epidemiología en la Universidad Johns Hopkins, Baltimore, EE.UU. Como miembro del Bundestag alemán desde 1994 hasta 2009, fue iniciador y orador en la Comisión de Investigación «Ética y Derecho de la Medicina Moderna», miembro de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, donde fue presidente del Subcomité de Salud y vicepresidente del Comité de Cultura, Educación y Ciencia. Desde 2011 trabaja como profesor universitario independiente, médico y científico de la salud y fue miembro voluntario de la junta y jefe del grupo de trabajo de salud de Transparencia Internacional Alemania hasta 2020. Durante toda su trayectoria tanto como profesional de la salud como en calidad de político y cargo público, su principal preocupación ha girado en torno a la calidad de la salud y a la necesaria independencia de la ciencia respecto de los intereses crematísticos de la industria farmacéutica interrogarse sobre cómo tomar decisiones correctas. En coherencia con ello y en su rol de máximo representante de la Comisión de Salud del Consejo de Europa, en 2009, inició la Comisión de Investigación sobre el papel de la OMS en el H1N1 (gripe porcina) en Estrasburgo, donde permaneció como experto científico tras abandonar el Parlamento (1). Wodarg denunció la falta de rigurosidad científica en las proyecciones alarmistas del Imperial College y la dependencia de la Organización Mundial de la Salud respecto del financiamiento condicionado de la industria farmacéutica. Posteriormente, muchos médicos y científicos se sumaron a la denuncia en lo que se conoció como “escándalo del Tamiflu” [2; 3].

Dr. Wolfgang Wodarg

«Hemos tenido una gripe leve y una falsa pandemia montada por las grandes farmacéuticas y la OMS. Se trata de uno de los mayores escandalos médicos de este siglo.» Estas sorprendentes y olvidadas frases, pronunciadas por nuestro protagonista hace exactamente 11 años, resumían lo acontecido con la llamada «Gripe porcina» de 2009. El brote de gripe porcina (H1N1) llegó cinco años después del también famoso brote de la «gripe aviar» (H5N1), experiencia que sirvió para generar un recuerdo y un reflejo de los Estados frente a la posible reedición de aquel primer evento: esto es lo que se conoce como primado positivo (priming) por repetición, una técnica básica de la propaganda política y la mercadotecnia. Wodarg explicaba esta lógica preparatoria en una entrevista con el diario La Voz de Galicia: «Todo empezó con la gripe aviar en el 2005, cuando la OMS empezó a preparar su plan contra ella. La industria se comprometió a producir vacunas si los Gobiernos aceptaban comprar toda su producción en caso de que la OMS declarara una pandemia. Así que prepararon el negocio para los próximos cinco años. En junio del 2009, la OMS escogió un leve brote de gripe que se había observado desde abril en México, para apretar el gatillo y declarar que cumplía los criterios para declarar una pandemia que se acababan de aprobar«. Y de esta manera tan sencilla, las grandes empresas farmacéuticas (Glaxo, Novartis y Bayer, principalmente) se aseguraron «enormes ganancias», mientras que los países, incluido el Reino Unido, «despilfarraron» sus escasos presupuestos sanitarios, vacunando a millones de personas contra una enfermedad relativamente leve. España adquirió en aquel entonces 37 millones de dosis de vacunas contra la gripe A y 3 millones de tratamientos antivirales [4]. Otros países hicieron lo mismo: en Alemania se compraron 50 millones de esas vacunas, de las cuáles se habría usado solamente el 10%; el Reino Unido almacenó el fármaco por valor de 710 millones de dólares para 40 millones de tratamientos; Estados Unidos gastó 1.300 millones de dólares en almacenar Oseltamivir (Tamiflu) para 65 millones de dosis. India también multiplicó por 10 sus existencias. Sus ventas aumentaron un 84% con el Oseltamivir durante la temporada de gripe de 2013 en Estados Unidos.

El Consejo de Europa, el «senado» con sede en Estrasburgo responsable del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, aprobó una resolución propuesta por el Dr. Wodarg en la que se pedía una investigación sobre el papel de las empresas farmacéuticas. El texto de la moción redactada por Wolfgang Wordarg como presidente de la Subcomisión de Salud y suscrita por otros 13 miembros de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa resultaba tan contundente como inequívoco:

«Para promover sus medicamentos y vacunas patentadas contra la gripe, las empresas farmacéuticas han influido en los científicos y en los organismos oficiales, responsables de las normas de salud pública, para alarmar a los gobiernos de todo el mundo. Les han hecho dilapidar los escasos recursos sanitarios en estrategias de vacunación ineficaces y han expuesto innecesariamente a millones de personas sanas al riesgo de efectos secundarios desconocidos de vacunas insuficientemente probadas. La campaña de la «gripe aviar» (2005/06), combinada con la de la «gripe porcina», parece haber causado un gran daño no sólo a algunos pacientes vacunados y a los presupuestos de la sanidad pública, sino también a la credibilidad y responsabilidad de importantes organismos sanitarios internacionales. La definición de una pandemia alarmante no debe estar bajo la influencia de los vendedores de medicamentos. Los estados miembros del Consejo de Europa deberían pedir investigaciones inmediatas sobre las consecuencias, tanto a nivel nacional como europeo.«

Moción para Recomendación presentada por Wodarg y otros 13 miembros de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa

El trabajo de develamiento y denuncia de Wodarg fue ratificado años más tarde por un estudio científico firmado por investigadores indios, titulado «El fiasco del Tamiflu y las lecciones aprendidas«, en el que se da cuenta de los efectos adversos no declarados por los fabricantes de un medicamento de comprobada toxicidad e ineficacia y que sin embargo superó todos los procesos de aprobación por parte de las autoridades sanitarias internacionales y de varios países, en lo que el Dr. Gupta y sus coautores, hablan de fallo multisistémico del sistema de regulación y control de medicamentos:

«El oseltamivir (tamiflu) se ha identificado como un caso clásico de errores y omisiones múltiples y linealmente alineados; en el que las pruebas manipuladas, las divulgaciones selectivas y una enfermedad pandémica favorablemente programada han asegurado ganancias inesperadas para las compañías farmacéuticas. Tenemos que idear formas y medios para que ejercicios de despilfarro como éste se reduzcan al mínimo, y no se obligue a los pacientes a consumir medicamentos de dudosa relación riesgo-beneficio» [5].

Al igual que en la actualidad con la compra de los fármacos a Pfizer y a Moderna, los países se aprestaron en aquel entonces a anticipar compras de manera masiva mediante procedimientos de urgencia. El escándalo del Tamifú no pasó desapercibido para la sociedad española, y fue incluso difundido a través de un medio con no poca difusión como CNN+, entoces capitaneada por Iñaki Gabilondo.

Un negocio multimillonario pero tambien algo mucho más preocupante, un episodio de iatrogenia farmacológica masiva del que parece que no hemos aprendido nada, puesto que el esquema se ha vuelto a repetir de manera groseramente idéntica, aunque amplificada: a una declaratoria de pandemia por parte de la OMS (aún y cuando el virus no se había aislado y purificado para analizar su fisiopatogenia y cuando la supuesta enfermedad estaba localizada en dos países) le siguió toda una burbuja mediática de sobreamplificación que provocó un colapso hospitalario por el pánico social que desató, así como una sobrerreacción político-administrativa por adoptar las medidas más restrictivas jamás implementadas con tal nivel de intensidad y de extensividad. Y finalmente, una carrera vacunal fruto de la cual se ha procedido a la compra masiva de estos productos génicos experimentales por parte de los Estados incluso de manera previa a su aprobación de urgencia, sin las garantías suficientes garantías sobre seguridad y eficacia (los efectos adversos e infecciones que estamos conociendo diariamente, abruman).

En una entrevista reciente, de la cuál reproducimos las principales elementos, el Dr. Wodarg [6], declara que actualmente se está repitiendo el mismo patrón alarmista y fraudulento de las pandemias de gripe aviar (2003) y gripe A o porcina (2009), sólo que los intereses en juego y la complejidad son aún mayores que en años anteriores. Según el reconocido epidemiólogo, el SarsCov2 junto con otros coronavirus son responsables de entre 5 al 15% de los síntomas de infecciones respiratorias y actúan junto con otros virus, como los de la influenza o los rinovirus, año tras año. La gravedad de los síntomas que pueden producir cualquiera de esos virus, obviamente está ligada al estado inmunológico del paciente. De ahí que en personas de más de 80 años y, especialmente, en presencia de otras enfermedades, la  situación puede agravarse. Sin embargo, el médico insiste en que prácticas como el uso de respiradores o las altas dosis de hidroxicloriquinona, antivirales y corticoides podrían haber producido condiciones más letales que las del virus en sí.

Muchas personas se preguntan, al igual que lo hace el entrevistador: ¿por qué si los coronavirus no son nuevos, la situación actual es tan diferente de la de años anteriores? Según el Dr. Wodarg, confluyen dos elementos clave: la alarma de pánico a través de los medios masivos de comunicación y el uso generalizado de pruebas PCR cuyo proceso de formulación, elaboración y protocolización se ha dejado a criterio de cada laboratorio fabricante. ¿Cómo es posible confiar en unas estadísticas sobre contagios que se están alimentando en base a pruebas tan heterogéneamente producidas y aplicadas? Adicionalmente, cuanto más baja es la prevalencia de la enfermedad (como ocurre actualmente), mayor es la proporción de falsos positivos (es decir personas que dan positivo en PCR estando sanas). Los test son útiles en personas con síntomas para indicar qué tipo de virus está presente (ej. coronavirus, influenza o adenovirus), siempre y cuando se realicen de manera cuidadosa. Si como sucede en Alemania, se hacen 1.5 millones de test cada semana es prácticamente imposible procesar adecuadamente tantas pruebas y se produce lo que el epidemiólogo llama “una pandemia de test”. Sobre las evidencias que invalidan la prueba reina en la detección y diagmnosis de la PCR ya dio ALO suficiente cuenta aquí, aquí y aquí.

Avance hacia un totalitarismo tecnocrático

Pero además, la absoluta carencia de evidencia y rigurosidad científica en la diagnosis, la ausencia de una mínima protocolización homologada de los tratamientos hospitalarios, la imposición de medidas pseudo-sanitarias indiscriminadas (mascarillas y confinamientos) y de medidas restrictivas de los derechos humanos en general (movilidad, reunión, asociación, manifestación, derecho al trabajo y derecho al acceso a servicios públicos normalizados) ocurre como una especie de fatum, y en total ausencia de debate . En palabras del epidemiólogo alemán: “el Estado ha decretado que todos comulguemos con la pandemia…los medios de comunicación masivos han suspendido los debates y dicen lo mismo, exactamente lo mismo, al igual que los gobiernos”.

Aún cuando el negocio de la pandemia es enorme, hay indicios claros de que las metas no son únicamente financieras. Por ello, el Dr. Wodarg, nos llama la atención sobre recientes publicaciones del Foro Económico Mundial, coincidentes con las declaraciones de la presidenta de la Comisión Europea, Dra. Ursula von der Leyen, sobre la existencia de un Trilema para compaginar tres elementos que no son compatibles simultáneamente: los Estados nacionales, la democracia y la globalización. En ese marco, la pandemia cobraría sentido desplegando su capacidad para detener prácticamente todo y facilitar la puesta en marcha de planes globalistas al estilo de “El gran reseteo”, del magnate Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial [7]. Tal reinicio, podría llevar a la humanidad a una realidad distópica similar a la que ya se vive en países como China, donde el control de la ciudadanía y la intromisión en la intimidad de las personas, es extrema y está totalmente banalizada. De extenderse ese modelo, la hiperglobalización y la digitalización generalizada permitirían gobernar el planeta como una gran empresa poniendo en riesgo uno de los principales mecanismos de regulación anti-autoritaria con los que contamos, la democracia, colocando a la ciencia ciencia como instrumento de sujeción (y no de emancipación) humana, minando nuestros derechos y sobre todo condenando a las futuras generaciones a una vida sin autonomía y sin dignidad.

Frente a este panorama, la pregunta ¿qué podemos hacer? es cada vez más urgente. Según el Dr. Wodarg, uno de las raras personalidades públicas que han osado cuestionar este episodio de la historia humana y su abordaje por parte de los actores científicos y políticos globales, las posibles respuestas se encuentran a diferentes escalas de intervención. Así, por un lado, las necesidades de protección de nuestros mayores y de las personas más vulnerables pueden y deben asmirse y satisfacerse en el ámbito local o comunitario, con recursos suficientes y con la debida proporcionalidad y subsidiariedad. Y, por otro, el conocimiento científico y el abordaje de males públicos globales sólo puede darse en la esfera global y siempre mediante más (y nunca menos) participación democrática. La población tiene el deber y el derecho de poder contar con evidencias y hacerse cargo de sus problemas, sin tener que fiar su resolución a la exclusiva y opaca actuación de expertos que raramente rinden cuentas. En ese actuar localmente y pensar globalmente y siempre ensanchando las libertades y capacidades humanas parece seguir residiendo la clave para navegar con un mínimo éxito la globalización. Quienes pretenden hoy desde las más elevadas esferas de poder y afuera del escrutinio y el control público, sustraer a la población de las decisiones que le afectan y que modelan su futuro, no sólo se equivocan, sino que tendrán que asumir las consecuencias de su autocrático y anticientífico proceder.

Sandra Ferrante y Juan Peris-Mencheta

Referencias

1- El Consejo de Europa investigará a la OMS por anunciar pandemias falsas. Infosalus. 26/01/2020. Disponible en https://www.infosalus.com/actualidad/noticia-consejo-europa-investigara-oms-anunciar-pandemias-falsas-20100126103200.html

2- Casado, S. El escándalo del Tamiflu. 28/04/2014. Disponible en https://www.huffingtonpost.es/salvador-casado/el-escandalo-del-tamiflu_b_5185894.html

3- La verdad sobre Tamiflu: poca eficacia y muchos intereses. 11/04/2014 Disponible en https://www.ocu.org/salud/medicamentos/noticias/tamiflu

4- Herrero, R. El Gobierno compra 37 millones de vacunas contra la gripe A y tres millones de tratamientos antivirales. Heraldo 11/07/2009. Disponible en https://www.heraldo.es/noticias/nacional/el_gobierno_compra_millones_vacunas_contra_gripe_tres_millones_tratamientos_antivirales.html

5- Gupta YK, Meenu M, Mohan P. The Tamiflu fiasco and lessons learnt. Indian J Pharmacol. 2015;47(1):11-16. doi:10.4103/0253-7613.150308; https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4375804/

6- Burunat, P. La Era de las pandemias con Wolfgang Wodarg La entrevista del año. 23/11/2020. Disponible desde el 27/12/2020 en: https://lbry.tv/@pedroburunat:3/La-Era-de-las-pandemias-con-Wolfgang-Wodarg-La-entrevista-del-a%C3%B1o:6

7- The Great Reset Initiative. Foro Económico Mundial. 24/09/2020. Disponible en: https://www.weforum.org/great-reset

4 Comentarios

  1. Pilar M.L.

    Me parece muy loable e irreprochable, incluso necesario, abrir debates en las zonas oscuras que el discurso oficialista hegemónico omite (más o menos deliberadamente).
    Efectivamente, en mi modesta opinión, existe esa heterogeneidad en el escepticismo (crítica legíma mal e injustamente etiquetada en un como ‘negacionismo’) de la que habla el artículo. La duda es intrínseca (consustancial) al pensamiento humano y de ello entre otros temas se ocupa la Filosofía.
    Un par de anotaciones:
    1. El fenómeno (shock, parafraseando a Naomi Klein) existe y es real.
    2. La clave está en las respuestas. Unícamente orientadas a salvar al ‘soldado Capitalismo’, su (des)orden y (des)concierto… a cualquier precio.

    Ad: Gracias por mantener abierto el debate crítico para las personas que humanamente dudamos.

  2. Valentin A.Y

    Todo esto de pandemia ,bicho ,covi, pcr ,son inventos criminales ,que tendran que acabar en los tribunales internacionales de derechos humanos , y acusarles de crimenes de lesa humanidad , y la complicidad de ,medicos ,politicos ,periodistas ,profesores , y todo lo que concierne a personal sanitario , tambien tendran su responsabilidad , espero que se imponga la verdad y la justicia

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