¿Son las vacunas Covid más riesgosas de lo que nos cuentan?

«No existe ni un solo estudio publicado que haya demostrado que los pacientes con una infección previa se beneficien con la vacunación Covid-19. El hecho de que los CDC o Anthony Fauci no lo reconozcan fácilmente es una indicación de cuán profundamente alejada está la política de la pandemia en relación con la ciencia». El esclarecedor texto que publica hoy ALO sobre el análisis del riesgo/beneficio de las llamadas vacunas contra Covid19 está basado en el artículo redactado por los doctores Joseph A. Ladapo (UCLA) y Harvey A. Risch Risch (Yale), publicado el 22 de junio de 2021 en el Wall Street Journal. Ambos científicos de primer nivel se suman a los cada vez más numerosos científicos escépticos o rotundamente críticos respecto de la actual campaña de inoculación masiva de productos experimentales.

Desde que comenzara la pandemia de Covid-19 muchas ideas científicas como la teoría de que el virus “escapara” de algún laboratorio chino o incluso la cuestionada eficacia del uso generalizado de las mascarillas, fueron inicialmente descartadas, incluso ridiculizadas, para resurgir más tarde como parte del pensamiento dominante difundido por los medios masivos. Se trata de un tema complejo y algunas de las diferencias de opinión, en ocasiones, correspondían con desacuerdos  o incertidumbre sobre la ciencia subyacente. Sin embargo, la mayoría de las veces, la descalificación obedeció a cuestiones políticas.

En plena campaña de vacunación masiva, ¿sería posible que nos encontráramos frente a un nuevo cambio en la corriente de opinión dominante? Cada vez con mayor frecuencia, aparecen científicos expresando su preocupación de que se hayan subestimado los riesgos de seguridad relativos a las vacunas Covid-19. Pero, de momento, la política de vacunación generalizada (y la compra pública de millones de dosis de estos fármacos (que aún no cuentan con autorización definitiva) ha relegado sus preocupaciones a las afueras del pensamiento científico.

Históricamente, la seguridad de los medicamentos, incluidas las vacunas, no se comprende completamente hasta que se aplican en un gran número de personas. Los ejemplos en ese sentido incluyen medicamentos como el rofecoxib (2), un analgésico comercializado como Vioxx  (retirado del mercado por Merk) que aumenta el riesgo de ataque cardíaco y de accidente cerebrovascular; antidepresivos que parecieron aumentar los intentos de suicidio entre los adultos jóvenes (3); y una vacuna contra la influenza (Pandemrix) utilizada en la epidemia de gripe porcina de 2009-10 que se sospechaba causaba convulsiones febriles y narcolepsia, experimento que resultó en la indemnización de centenares de niños y jóvenes, incapacitados de por vida (4). La evidencia del mundo real no sólo es valiosa sino que definitiva. Ya que en los ensayos clínicos a menudo se inscribe a pacientes que no son representativos de la población general (Un ejemplo de ello es la sub-representación de las personas mayores de 70 años en los ensayos de las vacunas para la covid). Por ello es generalizada la idea de que se aprende más sobre la seguridad de los medicamentos a partir de la evidencia en la práctica médica posterior a los ensayos, momento clave para ajustar las recomendaciones clínicas y equilibrar riesgos y beneficios.

El Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS), administrado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), es una base de datos que permite en Estados Unidos documentar los eventos adversos que ocurren después de recibir cualquier medicamento. Sin embargo, tal como reconocen la FDA y los CDC esa base de datos no está diseñada para determinar si los eventos fueron causados por el fármaco administrado. Aún así, los datos se pueden evaluar, teniendo en cuenta sus fortalezas y debilidades, y eso es lo que los CDC y la FDA dicen que hacen.

Los datos de VAERS para las vacunas Covid-19 muestran un patrón interesante. Entre los 310 millones de vacunas de Covid-19 administradas, se informan varios eventos adversos a tasas elevadas en los días inmediatamente posteriores a la vacunación, y luego caen precipitadamente después. Algunos de estos eventos adversos podrían haber ocurrido de todos modos. El patrón puede atribuirse en parte a la tendencia a informar más eventos que ocurren poco después de la vacunación y a olvidar reportar aquellos que ocurren posteriormente.

La base de datos de efectos adversos no puede decir qué hubiera sucedido sin la vacunación. Ese dato se obtiene de los ensayos clínicos donde es posible comparar grupos similares bajo “tratamiento” (quienes reciben un fármaco) y bajo “control” (quienes reciben placebo). No obstante, la gran agrupación de ciertos eventos adversos inmediatamente después de la vacunación es preocupante, y el silencio en torno a estas posibles señales de daño refleja la política que rodea a las vacunas Covid-19. Estigmatizar tales preocupaciones es malo para la integridad científica y podría dañar a los pacientes. Más aún cuando las farmacéuticas reconocen que la mayor parte de los participantes en el grupo “control” han sido vacunados a los pocos meses de entrar en los ensayos (5).

Cuatro eventos adversos graves (según datos del VAERS) siguen el patrón mencionado: plaquetas bajas (trombocitopenia); miocarditis no infecciosa o inflamación del corazón, especialmente para los menores de 30 años; trombosis venosa profunda; y muerte. El VAERS registra 321 casos de miocarditis dentro de los cinco días de recibir una vacuna, cayendo a casi cero a los 10 días. Investigaciones anteriores han demostrado que solo se informa una fracción de los eventos adversos, por lo que el número real de casos es casi con certeza mayor. Esta tendencia de sub-registro es consistente con la experiencia clínica y es generalmente reconocida por los médicos.

Los análisis para confirmar o descartar estos hallazgos deben realizarse utilizando grandes conjuntos de datos de compañías de seguros de salud y organizaciones de atención médica. Los CDC y la FDA seguramente conocen estos patrones de datos, pero ninguna agencia ha reconocido la tendencia.

La implicación es que los riesgos de una vacuna Covid-19 pueden superar los beneficios para ciertas poblaciones de bajo riesgo frente a la enfermedad, como niños, adultos jóvenes y personas que se han recuperado de Covid-19. Esto es especialmente cierto en regiones con bajos niveles de propagación comunitaria, ya que la probabilidad de enfermedad depende del riesgo de exposición.

Y aunque el público en general nunca lo sabría escuchando a los funcionarios de salud pública, no existe ni un solo estudio publicado que haya demostrado que los pacientes con una infección previa se beneficien con la vacunación Covid-19. El hecho de que los CDC o Anthony Fauci no lo reconozcan fácilmente es una indicación de cuán profundamente alejada está la política de la pandemia en relación con la ciencia.

Pese a ello, pareciera que la honestidad científica aún sigue viva. En mayo, la Agencia Noruega de Medicamentos revisó los archivos de casos de las primeras 100 muertes reportadas de residentes de hogares de ancianos que recibieron la vacuna Pfizer. La agencia concluyó que la vacuna «probablemente» contribuyó a la muerte de 10 de estos residentes a través de efectos secundarios como fiebre y diarrea, y «posiblemente» contribuyó a la muerte de otros 26. Pero este tipo de honestidad es poco común. Y es raro que se reconozca que alguna vacuna esté relacionada directamente con muertes, por lo que este desarrollo inusual para las vacunas de ARNm merece una mayor investigación.

La batalla para recuperar la honestidad científica será cuesta arriba y, obviamente, tampoco resulta de ayuda la censura en los medios y en las redes sociales. Desde hace meses los reportajes de noticias a menudo carecen de curiosidad intelectual sobre la idoneidad de las pautas de salud pública y se obvia dar voz a aquellos científicos que no están de acuerdo con las opiniones predominantes. En vez de favorecer el debate y la reflexión crítica, se difunden masiva y casi exclusivamente las opiniones de los “expertos” que mantienen relaciones financieras con los fabricantes de productos farmacéuticos, sin evidenciar lo que constituye un flagrante conflicto de intereses.

La falta de franqueza por parte de las autoridades de salud pública no sólo es un error, que arriesga la confianza de la ciudadanía sino que al no informar adecuadamente sobre la posibilidad de daños derivados de efectos secundarios de las vacunas, las consecuencias pueden ser perjudiciales para la salud de la población. Es indispensable evitar que se repita la iatrogenia que en la pandemia anterior incapacitó de por vida a cientos de jóvenes.

Investigación y Traducción: Sandra Errante


Nota sobre los autores del artículo original

Joseph A. Ladapo, MD, PhD, se graduó en la Universidad de Wake Forest y recibió su título de médico en la Facultad de Medicina de Harvard y su doctorado en Política Sanitaria en la Facultad de Artes y Ciencias de Harvard. Completó su formación clínica en medicina interna en el Beth Israel Deaconess Medical Center. Sus principales intereses de investigación incluyen la evaluación de la rentabilidad de las tecnologías de diagnóstico y la reducción de la carga poblacional de las enfermedades cardiovasculares. Es profesor asociado en la Facultad de Medicina David Geffen y atiende a pacientes hospitalizados. Anteriormente, fue miembro del profesorado del Departamento de Salud de la Población de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York y miembro del personal de la Administración de Alimentos y Medicamentos. El programa de investigación del Dr. Ladapo, financiado por el NHLBI, el NIMHD y la Fundación Robert Wood Johnson, se centra en (1) los enfoques centrados en el paciente para mejorar la salud de los individuos evaluados por enfermedad arterial coronaria, y (2) las intervenciones económicas de comportamiento para promover la salud cardiovascular sostenible, incluso entre los adultos con VIH. También dirige la evaluación económica de la salud y la calidad de vida de múltiples ensayos aleatorios financiados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) centrados en las enfermedades cardiovasculares y el abandono del tabaco. Entre sus reconocimientos nacionales se encuentra el premio Daniel Ford a la investigación de servicios y resultados sanitarios, y también fue columnista habitual del Harvard Focus durante la carrera de medicina y la residencia, donde comentaba sus experiencias en las salas médicas y sus perspectivas sobre cuestiones de política sanitaria.

Harvey Risch, MD, PhD, profesor de Epidemiología en el Departamento de Epidemiología y Salud Pública de la Escuela de Salud Pública y la Escuela de Medicina de Yale. El Dr. Risch se licenció en Medicina por la Universidad de California en San Diego y se doctoró en la Universidad de Chicago. Tras realizar una estancia postdoctoral en epidemiología en la Universidad de Washington, el Dr. Risch fue miembro del cuerpo docente de epidemiología y bioestadística de la Universidad de Toronto antes de llegar a Yale. Los intereses de investigación del Dr. Risch se centran en las áreas de etiología, prevención y diagnóstico precoz del cáncer, así como en los métodos epidemiológicos. Está especialmente interesado en los efectos de los factores reproductivos, la dieta, la predisposición genética, los factores histopatológicos, las exposiciones laborales/ambientales/medicamentos, las infecciones y el funcionamiento inmunitario en la etiología del cáncer. Sus principales proyectos de investigación han incluido estudios sobre el cáncer de ovario, el cáncer de páncreas, el cáncer de pulmón, el cáncer de vejiga, el cáncer de esófago y de estómago, y sobre los cánceres relacionados con el uso de anticonceptivos orales y estrógenos no anticonceptivos. El Dr. Risch es editor asociado del Journal of the National Cancer Institute, editor del International Journal of Cancer, y fue durante seis años miembro de la Junta de Editores del American Journal of Epidemiology. El Dr. Risch es autor de más de 350 publicaciones de investigación originales revisadas por pares en la literatura médica y esos trabajos de investigación han sido citados por otras publicaciones científicas más de 44.000 veces. El Dr. Risch tiene un índice h de 94 y es miembro de la Academia de Ciencias e Ingeniería de Connecticut.

Referencias:

1- Ladapo, J y Risch, H. ¿Son las vacunas Covid más riesgosas de lo que se anuncian? Publicado el 22/06/2021. Disponible en: https://www.wsj.com/articles/are-covid-vaccines-riskier-than-advertised-11624381749

2-Martos, C. Los riesgos de Vioxx pudieron conocerse mucho antes. Publicado 24/11/2009 . Disponible en https://www.elmundo.es/elmundosalud/2009/11/23/dolor/1259008025.html

3- HealthDay. Dosis más altas de antidepresivos se vinculan con la conducta suicida de los pacientes jóvenes. Publicado el 24/04/2014. Disponible en: https://www.saludyfarmacos.org/lang/es/boletin-farmacos/boletines/ago2014/ago2014515/

4- Heraldo Salud. Suecia indemnizará a enfermos por narcolepsia por la vacuna contra la gripe A. Publicado el 12/5/2016. Disponible en: https://www.heraldo.es/noticias/salud/2016/05/12/suecia-indemnizara-enfermos-por-narcolepsia-por-vacuna-contra-gripe-854819-2261131.html

5-Doshi, P. Vacunas Covid-19: en la prisa por la aprobación regulatoria, ¿necesitamos más datos? BMJ 2021 ; 373 Publicado el 18 de mayo de 2021 doi: https://doi.org/10.1136/bmj.n1244

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