Luces en la penumbra: Ryke Geerd Hamer

Hoy, en nuestra serie Luces en la penumbra, publicamos el artículo del compañero José Delta titulado «La doble utopía del Doctor Hamer». Ryke Geerd Hamer fue un doctor alemán especialista en medicina interna y radiología, que además cursó la carrera de teología y estudios de física, compaginando su actividad académica y científica con su praxis médica como jefe de diversos servicios en varios hospitales de Alemania. Víctima de la caza de brujas perpetrada por la ciencia hegemónica de su época, sus Leyes biológicas presentan hoy uno de los principales ejes de impugnación científica contra los dogmas del imperio farmaco-médico que nos atenaza bajo la Operación global C19.

Dicen que dos de las principales características que diferencian al ser humano del resto de seres vivos son el pensamiento abstracto y la imaginación, habiendo contribuido ambas a su despegue evolutivo. Además, y a través de estas habilidades, a lo largo de su historia ha logrado hacer realidad la mayoría de sus sueños. Con estos presupuestos, cabría preguntarse por qué no ha conseguido plasmar en realidad ese mundo feliz utópico al que se supone que aspiramos, y que por el contrario parece más enfocado al que Aldous Huxley plasmó en su famosa novela.La respuesta a esto resulta bastante intuitiva: lo cierto es que la única y no poca limitación que al ser humano le distancia de su meta es su propia idiosincrasia o, si lo preferimos, su propio ritmo de evolución consciencial.

En los años setenta del pasado siglo, el Dr. Ryke Geerd Hamer realizó el mayor descubrimiento en medicina hasta la fecha, observando que las mal llamadas “enfermedades” obedecen a un propósito mayor, pues son en realidad la puesta en marcha de un programa especial de la naturaleza con pleno sentido biológico y de supervivencia, y que se originan a partir de un shock biológico grave, inesperado, agudo, dramático y vivido en soledad, que ocurre de forma simultánea en tres niveles: la psique, el cerebro y su órgano diana correspondiente. Durante casi cuarenta años, Hamer investigó sobre estos hallazgos fruto de miles de historias clínicas, quedando fascinado al observar que se encontraba frente a un sistema biológico inherente a toda especie.Lo más sorprendente de sus teorías, que lo convierte en un auténtico paradigma, es que en ese tiempo logró crear un auténtico mapa topográfico minuciosamente detallado en el que describió cómo se desarrolla exactamente cada proceso en función del conflicto biológico experimentado, proceso que se cumple el cien por cien de las veces, al contrario de lo que ocurre con la medicina convencional o alopática, basada en hipótesis inciertas y fácilmente falsables. A este paradigma Hamer lo denominó Nueva Medicina Germánica (NMG), nomenclatura que recientemente fue reemplazada por “Ciencia Curativa Germánica”, y del mismo extrajo cinco leyes invariables y perfectamente verificables. Según sus propias palabras, “la Nueva Medicina germánica no es una medicina alternativa, integrativa o complementaria, sino que ofrece un sistema científico completo, fundamentado en Cinco Leyes Biológicas que explican la causa, el desarrollo y sobre todo la curación natural de las mal llamadas enfermedades”. El Dr. Hamer, especialista en medicina interna y radiología, que además cursó la carrera de teología, durante años compaginó su actividad médica como jefe de diversos servicios en varios hospitales de Alemania con la divulgación de sus hallazgos, ofreciéndose en diversos países del mundo tanto a impartir conferencias como a realizar sesiones clínicas realmente maratónicas con pacientes sin obtener lucro alguno con ello, documentando sistemáticamente todos los casos, coleccionando escaneos cerebrales y resultados histológicos, reagrupando, y comprobando la certeza de sus descubrimientos.Sin duda fue un auténtico filántropo, un genio adelantado a su época y su carácter puede verse reflejado en este par de citas suyas:“Los médicos del futuro, los médicos de la Nueva medicina tienen que ser personas prácticas y sabias, con un buen sentido sano, con las manos y el corazón caliente, médicos-sacerdotes como en los tiempos pasados que eran benévolos e incorruptibles, parecidos a los “buenos” viejos médicos de familia». “En la Nueva Medicina el paciente es el jefe absoluto del proceso que afecta al propio organismo. Sólo él puede saber lo que realmente es bueno y correcto para él, sólo él puede ser el responsable de sí mismo. El paciente no es “curado, sino que se cura. La relación paciente/médico tiene que ser redefinida y repensada completamente. El paciente tiene que elaborar la terapia que mejor le vaya con ayuda de las personas que son médicos del alma y del cuerpo y se preocupan sinceramente por sus pacientes«. Ni que decir tiene que tal descubrimiento atacaba frontalmente desde un primer momento a los intereses económicos y el statu quo tanto de la industria farmacéutica como de la comunidad científica, colegios de médicos, diferentes organizaciones relacionadas con la salud, etc. Por lo tanto, no es extraño que casi cuarenta años después de su descubrimiento, la NMG sea aún una auténtica desconocida, al no tener difusión alguna a través de los medios de comunicación habituales.A pesar de que la obra de Hamer es tan sumamente detallada y minuciosa que podría ser fácilmente sometida a verificación, y de que el propio Hamer solicitó en repetidas ocasiones la verificación de su tesis en distintas universidades, jamás se le concedió la posibilidad de defenderla. Por el contrario, se le retiró la licencia para ejercer como médico por “mala praxis”, fue perseguido, condenado a prisión por divulgar sus conocimientos y finalmente exiliado en Noruega, donde falleció hace un par de años sin llegar a ver el merecido reconocimiento de la humanidad a tan sorprendentes y relevantes descubrimientos a los que dedicó su vida.Y en este punto hemos de regresar al principio de estas líneas, donde mencionaba que la mayor limitación que al ser humano le distancia de sus objetivos utópicos es su propia idiosincrasia, pues su legítimo objetivo de supervivencia le empuja al egoísmo, la envidia, y la ausencia de reconocimiento de su propio ser, empañado éste por el vaho de sus miedos.Ensimismada en su denso nivel consciencial, la humanidad decapitó su propia utopía de convivir en una sociedad menos enferma, traicionando, vendiendo y postergando dicha situación por obtener a cambio unas tristes monedas materiales plasmadas en recursos económicos, cuotas de poder, tratos de favor, mayor estatus social, etc.

Afortunadamente, cada vez son más los terapeutas y médicos que incluyen la NMG en su práctica habitual, a pesar de arriesgar con ello sus carreras profesionales y sus estatus sociales, alentados por el éxito en la curación de sus pacientes. De hecho, no resulta difícil comprender por qué Nicaragua, país con una delicada situación de escasez económica y por tanto, lejos del punto de mira de las multinacionales farmacéuticas, ha sido el primer país en implementar la NMG dentro de la cartera de servicios del Sistema de Salud.¿Cuál fue la doble utopía del Dr. Hamer?

1.- Pensar que la comunidad científica reconocería su trabajo y sus investigaciones en el campo de la salud. A pesar de que Hamer falleció hace un par de años y no vio cumplido su sueño, no podemos descartar que en un futuro utópico, donde lo material no presida nuestra escala de valores, le sea concedido un merecido reconocimiento en el campo de la medicina a título póstumo.

2.- Considerar que sus descubrimientos revolucionarían masivamente la manera de entender y afrontar la salud y la enfermedad en una sociedad con un nivel consciencial como el nuestro, drogodependientes de los medios de des-comunicación, de nuestros políticos, de nuestros organismos oficiales, de nuestro modus vivendi y, en definitiva, de esa píldora mágica externa materializada en cualquier cosa que mejore nuestra existencia sin esfuerzo ni intervención directa alguna por nuestra parte. En la actualidad este paradigma va ganando más adeptos cada día, aunque de una manera tímida y en nuestro pensamiento utópico queda al menos la posibilidad de soñar con una sociedad suficientemente consciente como para ser capaz de gestionar su Salud con el respeto y eficiencia que semejante patrimonio se merece y, sobre todo, con el conocimiento de que su estado óptimo depende exclusivamente de nosotros y de nuestra manera de gestionar nuestras vivencias a través de nuestro sistema de creencias y, en definitiva, de nuestra habilidad para interpretar amorosamente los devenires de nuestra trayectoria vital.

Finalmente cabría cuestionarse, teniendo en cuenta que durante siglos nuestro desarrollo intelectual y consciencial ha sufrido una progresión geométrica desacompasada con nuestro lento desarrollo biológico, que apenas ha variado en el mismo periodo de tiempo:¿Cómo conseguiremos conjugar ese programa biológico del que nos habló Hamer, ancestral, intrínseco, de supervivencia, con una etapa de desarrollo o transformación consciencial donde el objetivo principal de sobrevivir a toda costa deje paso a la mera finalidad atemporal de evolucionar consciencialmente, vivenciando y experimentando en un entorno más amoroso y empático?¿Tendrá que sufrir un crecimiento exponencial ese programa tan arraigado en nosotros para adaptarse y acompasarse a nuestra nueva idiosincrasia?, o más aún… ¿estaremos ya en esa etapa de transformación biológica?, ¿somos conscientes y capaces de percibir, tanto a nivel psíquico como físico, los cambios que se están originando ya en nuestro organismo?

Autor: José Delta

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