El fraude de las PCR al descubierto (3)

Las evidencias que invalidan la prueba diagnóstica reina en la diagnosis de la Covid19 se acumulan. Al estudio realizado por 23 científicos desmontando la validez del protocolo RT-PCR se le añade una demanda por fraude doloso y conflicto de interés contra el virólogo Drosten, responsable de la gestión de la crisis sanitaria en Alemania y productor del cebador de la prueba. Las implicaciones político-administrativas de este escándalo son tales, que incluso la OMS, que validó e instauró el protocolo de testeo a nivel global, se ha visto obligada a reconocer la escasa fiabilidad de la prueba bajo el número de amplificaciones que se aplica. Sin embargo, las restricciones y la carrera vacunal continúan incólumes y se agudizan, sin que ningún organismo oficial llame a una evaluación de lo sucedido. Ningún medio de comunicación en España ha dado cuenta de ninguna de las 5 evidencias que presentamos a continuación, en lo que parece un bloqueo informativo sin precedentes en la historia de este país.

En nuestras dos entradas anteriores sobre el mismo tema, ALO se hizo eco tanto de los hallazgos clínicos empíricos realizados por el Doctor Scoglio en el sentido de la detección de una enorme proporción de falsos positivos producidos por el sistema de testeo y diagnóstico basado en la RT-PCR, como de los resultados de la Revisión del estudio Drosten/Corman realizada por 23 científicos de primer nivel y en el que se detectaron al menos 10 errores, incoherencias y déficits graves en el test utilizado globalmente para producir las estadísticas epidemiológicas y justificar las medidas sanitarias y de política general que han sido adoptadas desde marzo en todo el globo. En esta entrada vamos a recopilar toda la serie de evidencias que desacreditan la prueba.

Antecedentes

El 23 de enero de 2020, en la revista científica Eurosurveillance, del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de la UE, el Dr. Christian Drosten, junto con varios colegas del Instituto de Virología de Berlín en el Hospital Charité, junto con el jefe de una pequeña empresa de biotecnología de Berlín, TIB Molbiol Syntheselabor GmbH, publicó un estudio en el que afirmaba haber desarrollado la primera prueba efectiva para detectar si alguien está infectado con el nuevo coronavirus identificado por primera vez sólo unos días antes en Wuhan. El artículo de Drosten se titulaba «Detección del nuevo coronavirus 2019 (2019-nCoV) por RT-PCR en tiempo real» (Eurosurveillance 25(8) 2020).

Es a partir de este documento sobre el que comienzan tres hechos determinantes: en primer lugar, la asunción de este protocolo como válido y central por parte de la Alemania de Merkel, así como de todos los sistemas de vigilancia y control epidemiológicos y sanitarios europeos y de buena parte del resto del Mundo, y su banalización como instrumento exclusivo de medición y diagnosis para Covid19; en segundo lugar y sobre las cifras proporcionadas por estos sistemas de detección y diagnosis basados en esta RT-PCR, la adopción de una serie de medidas preventivas claramente restrictivas de los derechos ciudadanos (movilidad, trabajo, reunión…) y potencialmente anti-sanitarias (confinamientos generales, cuarentenas indiferenciadas, imposición de mascarillas de seguridad y eficacia cuestionadas); en tercer lugar, la protocolización en el ámbito hospitalario y geriátrico de una serie de praxis (intubaciones de pacientes con cuadros trombocíticos, aislamiento severo y sin cuidados de personas mayores, priorización de la atención sanitaria a personas testeadas positivas y subatención de la población general…) cuyos impactos han podido ser más lesivos que el supuesto daño extraordinario causado por la amenaza que se ha pretendido combatir; por último, la inconsistente validación de la RT-PCR marcó el pistoletazo de salida para la carrera vacunal, emprendida por una serie de grandes farmacéuticas, que usaron igualmente esta prueba como elemento decisivo en los procesos de ingeniería de laboratorio conducentes a la producción de la mayoría de las vacunas, hoy en fase 3 de experimentación pero cuya utilización en la población ya está siendo temerariamente realizada bajo la responsabilidad directa y exclusiva de los Estados.

1. El caso portugués

Este verano, las autoridades sanitarias portuguesas ordenaron a un grupo de cuatro turistas alemanes que se quedara en el hotel guardando cuarentena sanitaria después de que uno de ellos diera positivo por coronavirus en una prueba de PCR (los otros tres fueron etiquetados como contactos cercanos y por lo tanto se fueron igualmente confinados). A principios de este mes, los jueces portugueses confirmaron una decisión de un tribunal inferior que consideró ilegal la cuarentena forzosa. El caso se centró en la fiabilidad (o la falta de ella) de las pruebas de PCR de Covid-19. El veredicto, dictado el 11 de noviembre por el Tribunal de Apelación de Lisboa, siguió a una apelación contra un recurso de hábeas corpus presentado por los ciudadanos alemanes retenidos contra la Autoridad Sanitaria Regional de las Azores. Este organismo había apelado una decisión de un tribunal inferior que había fallado a favor de los turistas, que alegaban que fueron confinados ilegalmente en un hotel sin su consentimiento. Los jueces también dijeron que sólo un médico puede «diagnosticar» a alguien con una enfermedad, y criticaron el hecho de que aparentemente nunca fueron diagnosticados por un galeno. La conclusión de su fallo de 34 páginas fue la siguiente: «A la vista de las pruebas científicas actuales, esta prueba demuestra ser incapaz de determinar más allá de toda duda razonable que tal positividad corresponde, de hecho, a la infección de una persona por el virus del SARS-CoV-2».

Por lo tanto, a los ojos de este tribunal, una prueba positiva no corresponde a un caso Covid. Las dos razones más importantes para esto, dijeron los jueces, son que «la fiabilidad de la prueba depende del número de ciclos utilizados» y que «la fiabilidad de la prueba depende de la carga viral presente».

Más que una evidencia científica directa, la sentencia portuguesa pone de manifiesto la cuestión de la primacía de las libertades y derechos de las personas por sobre la arbitrariedad de medidas sanitarias de no probada eficacia pero que ocasionan de facto situaciones de privación de libertad y sanciones sobre la base de dos presunciones absolutamente falsas: la presunción anticientífica de que una persona con test positivo RT-PCR está infectada y es capaz de transmitir la enfermedad aún sin cursar síntomas; la presunción de que esa hipotética capacidad infecciosa pueda ser potencialmente constitutiva de daño y por ello fundamentar per se una medida preventiva de privación de la libertad.

2. El caso italiano

Como ya publicamos en una entrada anterior de esta serie, el equipo del Profesor Stefano Scoglio halló, tras análisis de varias decenas de hisopados realizados a personas supuestamente infectadas de Covid, que el 95% de los mismos dieron falsos positivos. A mediados de noviembre, dos organizaciones de consumidores y pacientes (CODACONS y Articolo 32) depositaron una denuncia sustentada en los hallazgos del equipo de Scoglio para pedir la apertura de investigaciones por fraude, fraude agravado para la obtención de recursos públicos, falsedad ideológica y homicidio culposo. La misma fue presentada en nueve fiscalías de Sicilia.

3. La revisión externa contra el protocolo Drosten y la demanda

El proceso de comisión del que es muy probablemente el mayor fraude de la historia contemporánea tanto por sus implicaciones sanitarias como económicas y político administrativas está trufado de inconsistencias graves, según la devastadora Revisión externa revisada por pares realizada por 23 científicos del Consorcio Internacional de Científicos de las Ciencias de la Vida (ICSLS), liderada por el Doctor Peter Borger y de la que nos hicimos eco aquí.

Lo primero que llama la atención es el inusitadamente corto tiempo en el que se elaboró el protocolo RT-PCR del equipo Drosten-Corman. Como el equipo del Dr Borger señala: «El documento Corman-Drosten fue sometido a Eurosurveillance el 21 de enero de 2020 y aceptado para su publicación el 22 de enero de 2020. El 23 de enero de 2020 el documento estaba publicado en línea». Increíblemente, el protocolo de prueba Drosten, que ya había enviado a la OMS en Ginebra el 17 de enero, fue recomendado oficialmente por la OMS como la prueba mundial para determinar la presencia del coronavirus de Wuhan, incluso antes de que se publicara el documento. Como señalan los científicos denunciantes, para un tema tan complejo e importante para la salud y la seguridad mundiales, no es posible realizar un serio «examen por homólogos» (revisión por pares) en 24 horas por parte de al menos dos expertos en la materia. Como se puede comprobar a través de una simple búsqueda en la BBC y Google Statistics, el 21 de enero hubo un total mundial de 6 muertes atribuidas al virus de Wuhan. En este punto caben muchas preguntas, pero principalmente tres:

¿Por qué el equipo Drosten-Corman asumió la existencia de un reto para los laboratorios de salud pública cuando en ese momento no había pruebas sustanciales que indicaran que el brote estaba más extendido de lo que se pensaba inicialmente?

¿Cómo es posible que el equipo Drosten-Corman pudiera realizar en tan breve espacio de tiempo una prueba determinante para la medición y el control de la que ha sido la mayor amenaza contra la Humanidad, a tenor de los recursos y medidas adoptadas?

¿Cómo es posible que la OMS validara y tomara como referencia este protocolo no revisado por pares y validado sin ningún tipo de reserva ni espacio de revisión por parte de los organismos de control estatales, europeos e internacionales, en un momento en el que no existían aún casos afuera de China?

El Dr Drosten ha sido el coordinador designado por Merkel para la gestión de Covid19 en Alemania.

Un segundo elemento no menor señalado por el equipo denunciante encabezado por el Dr Borger es el que afecta a los evidentes conflictos de intereses en la elaboración y comercialización de la prueba RT-PCR. De entre los firmantes del Informe/Protocolo de Drosten, el propio Drosten y una de sus coautoras, la Dra. Chantal Reusken, eran también en el momento de presentación de su Informe/Protocolo miembros del consejo editorial de Eurosurveillance, el organismo europeo encargado de la revisión y validación del mismo. Sin embargo nunca señalaron este hecho. Otro miembro del equipo Drosten, el doctor Olfert Landt, fue el fundador y jefe de la empresa Tib-Molbiol en Berlín, que desarrolló la prueba RT-PCR y que la ha comercializado desde entonces mediante acuerdo con la farmacéutica Roche. Sin embargo, Landt tampoco reveló ese hecho fundamental en el documento de Drosten. (La empresa Roche por cierto, fue la patrocinadora junto al períodico El País el pasado 7 de octubre del evento público en el que el Ministro de Sanidad de España, Salvador Illa, presentó las líneas generales de la nueva política sanitaria española para «la nueva normalidad», como se tituló el evento ).

Salvador Illa en su ponencia en el evento patrocinado por El País y Roche, el pasado 7 de octubre

Si los dos puntos anteriores resultan llamativos, no resultan sin embargo concluyentes per se para evidenciar un fraude. Sintetizamos en este tercer apartado las evidencias que invalidan la metodología en la que se fundamenta el protocolo Drosten-Corman y que demuestran tanto el fraude como la incompetencia científica de sus fabricantes.

Ausencia de aislamiento del virus como precondición necesaria para diseñar un protocolo efectivo. Se supone que todos los individuos que dan positivo en la prueba RT-PCR, tal y como se describe en el documento de Corman-Drosten, son positivos para las infecciones de SARS-CoV-2. Ahora bien, hay tres defectos graves en su suposición. En primer lugar, una prueba positiva para las moléculas de ARN descritas en el documento de Corman-Drosten no puede equipararse a una «infección por un virus». Una prueba RT-PCR positiva sólo indica la presencia de moléculas de ARN virales. La prueba de Corman-Drosten no fue diseñada para detectar el virus en toda su extensión, sino sólo un fragmento del mismo, por lo que el test resulta estructuralmente inadecuado como prueba de diagnóstico para las infecciones del virus del SARS. En segundo lugar aunque de no menor importancia, la funcionalidad de la prueba RT-PCR publicada no se demostró con el uso de un control positivo (ARN aislado del SARS-CoV-2) que es la prueba esencial de fiabilidad (el llamado golden standard) de cualquier prueba de detección viral.

Más que dudosa especificidad . El informe/protocolo del equipo Drosten presentó secuencias confusas y no especificadas de cebadores y sondas, elementos primordiales para el funcionamiento de la prueba. Para confirmar el diagnóstico de un virus específico, se deben aplicar al menos 3 pares de cebadores específicos para detectar 3 genes específicos del virus. Preferiblemente, estos genes objetivo deben estar localizados con la mayor distancia posible en el genoma viral (incluyendo los extremos opuestos). Aunque el documento de Corman-Drosten describe 3 cebadores, estos cebadores sólo cubren aproximadamente la mitad del genoma del virus. Este es otro factor que disminuye la especificidad para la detección del ARN del virus COVID-19 intacto y aumenta la cita de resultados de pruebas falsos positivos. Por lo tanto, aunque obtengamos tres señales positivas (es decir, los tres pares de cebadores dan 3 productos de amplificación diferentes) en una muestra, esto no prueba la presencia de un virus. Un mejor diseño de cebadores tendría cebadores terminales en ambos extremos del genoma viral. Esto se debe a que se cubriría todo el genoma viral y tres señales positivas pueden discriminar mejor entre un virus completo (y por lo tanto potencialmente infeccioso) y genomas virales fragmentados (sin potencia infecciosa). Los científicos del equipo de Borger señalan: » Estas seis posiciones no especificadas podrían fácilmente resultar en el diseño de varias secuencias alternativas de cebadores que no se relacionan con el SARS-CoV-2… la confusa descripción no específica en el documento de Corman-Drosten no es adecuada como protocolo operativo estándar. Estas posiciones no especificadas deberían haber sido diseñadas de manera inequívoca». Añaden de manera general que «la RT-PCR no se recomienda para el diagnóstico primario de la infección. Por eso la prueba RT-PCR utilizada en la rutina clínica para la detección de COVID-19 no está indicada para el diagnóstico de COVID-19 sobre una base regulatoria».

Ciclos de amplificación. Pero sin duda lo más llamativo del protocolo Drosten es que no expuso en ningún momento de qué manera se determinan los resultados (positivo o negativo) resultantes tras las amplificaciones. El informe de Borger señala: «Estos tipos de pruebas de diagnóstico virológico deben basarse en un SOP (Protocolo Operativo Estándar) incluyendo un número validado y fijo de ciclos de PCR (valor Ct) después de los cuales una muestra se considera positiva o negativa. El máximo valor Ct razonablemente fiable es de 30 ciclos. Por encima de un Ct de 35 ciclos, se debe esperar un número rápidamente creciente de falsos positivos… los estudios científicos demuestran que sólo se detectan virus no infecciosos (muertos) con valores de Ct de 35″. Es un error significativo que el documento de Corman-Drosten no mencione el valor máximo de Ct con el que una muestra puede considerarse inequívocamente como un resultado de prueba positivo o negativo. Este importante límite de umbral del ciclo tampoco se especifica en ninguna de las comunicaciones de seguimiento realizadas hasta la fecha». Sin embargo, las recomendaciones de la OMS y del propio Drosten iban en el sentido de aplicar un Ct de 45 ciclos y, según se informa, actualmente los funcionarios de salud alemanes siguen aplicándolos. No es de extrañar el aumento significativo del número de pruebas al comienzo de la temporada de gripe invernal, y concluyen que «un resultado analítico con un valor Ct de 45 no tiene absolutamente ningún sentido desde el punto de vista científico y de diagnóstico».

Ausencia de validación. El trabajo del equipo Drosten-Corman basa la metodología de su producto en el uso de secuencias in silico (teóricas), suministradas por un laboratorio de China, porque en ese momento no se disponía de material de control del SARS-CoV-2 infeccioso («vivo») o inactivado ni de ARN genómico aislado del virus. Hasta la fecha, los autores no han realizado ninguna validación basada en virus aislados del SARS-CoV-2 o en el ARN completo del mismo. Los productos de la PCR amplificada deben ser validados ya sea presentando los productos en un gel con un transcriptor de ADN, o por secuenciación directa del ADN. «El hecho de que estos productos de la PCR no hayan sido validados a nivel molecular es otro error llamativo del protocolo, haciendo que cualquier prueba basada en él sea inútil como herramienta específica de diagnóstico para identificar el virus del SARS-CoV-2».

La Revisión externa por pares del equipo de Borger resulta tan concluyente que ha servido como base sustentatoria de la demanda formulada por el abogado Reiner Fuellmich. Presentada bajo la figura prejudicial del «cese y desista», la acción se encamina a la defensa de los intereses de un empresario hostelero (Nils Roth) quien, según el texto de la demanda, «ha sufrido y sigue sufriendo un daño significativo como resultado de las medidas sumamente desproporcionadas impuestas para contener la pandemia de COVID-19 sin un fundamento basado en pruebas». La comisión de un acto doloso contra el Sr Roth se fundamenta para Fuellmich en el hecho de que Drosten intervino de manera significativa y decisiva en las deliberaciones políticas, declaró hechos que sabía que eran falsos y perseveró en ellos, y, también intencionalmente, ocultó y continúa ocultando hechos significativos. Esta demanda, que solicita a Drosten una rectificación de todo su actuar y una compensación económica en favor del cliente afectado, obligará por lo tanto al acusado a refutar el trabajo del equipo de Borger y por lo tanto a demostrar – por fin, devolviendo la carga de la prueba al lugar que le corresponde en cualquier proceso científico – que la RT-PCR para COVID-19 formulada por Drosten y avalada por la OMS es válida para detección y diagnosis de la nueva enfermedad.

Texto que encabeza el «cese y desista» contra Drosten formulado por el abogado R. Fuellmich

4. El «caso Drosten» adentro del caso del fraude de las PCR

Y sin embargo, el cuestionamiento científico radical que supone el Informe Borger y la demanda de Fuellmich no son los únicos problema a los que se enfrenta el profesor Dr. Christian Drosten hoy en día. La guinda sobre el escandaloso pastel: ¿es el Dr. Drosten, formulador de la prueba reina en la detección de Covid19 y principal asesor de Merkel para la crisis sanitaria, médico? Drosten y otros funcionarios de la Universidad Goethe de Frankfurt, donde afirma haber recibido su doctorado en medicina en 2003, están siendo acusados de fraude en la titulación. Según el Dr. Markus Kühbacher, especialista en la investigación de fraudes científicos como el plagio de tesis, la tesis doctoral del Dr. Drosten, como toda tesis, por ley debería haber sido depositada en una fecha determinada ante las autoridades académicas de su Universidad, quienes a continuación firman un formulario legal, «Revisionsschein», verificado con firma, sello de la Universidad y fecha, con el título de la tesis y el autor, para ser enviado al archivo de la Universidad en tres copias originales de la tesis. Kühbacher acusa a la Universidad de Goethe de encubrimiento al afirmar, falsamente, que la «Revisionsschein» de Drosten, estaba archivada. El portavoz de la Universidad se vio obligado a admitir que no estaba archivada, o al menos no era localizable por ellos. Además, de las tres copias de archivo obligatorias de su tesis doctoral, muy relevantes dada la importancia global del papel de Drosten en la dirección política de la gestión de la Covid19 en Alemania, en Europa y en el Mundo, dos copias han «desaparecido», y la única copia restante habría sido «dañada por el agua». Kühbacher afirma que es probable que Drosten se enfrente ahora a cargos judiciales por tener un título de doctorado fraudulento.

5. La OMS forzada a cuestionar la fiabilidad de la PCR

La Organización Mundial de la Salud emitió una nota de orientación el 14 de diciembre, en la que advertía que los umbrales de ciclo alto en las pruebas de PCR darán lugar a falsos positivos. El texto señala literalmente que «conviene que los usuarios de reactivos de la prueba RT-PCR lean atentamente las instrucciones de uso a fin de determinar si es necesario efectuar ajustes manuales del umbral de positividad de la PCR con el fin de tener en cuenta el ruido de fondo que puede llevar a que una muestra con un valor alto de ciclo umbral (Ct) se interprete como un valor positivo«.

Las preguntas que aquí podemos hacernos van en el sentido de lo señalado en el informe Borger contra el Protocolo Drosten para la RT-PCR: ¿ Cómo es posible que este test fuera validado por todas las autoridades de control (OMS y agencias estatales de salud) sin especificar con absoluta claridad el protocolo de uso, y específicamente el rango de amplificaciones mínimas y máximas necesarias para poder obtener resultados mínimamente confiables? ¿Por qué si la OMS conviene en señalar que el sólo positivo en RT-PCR no puede servir como diagnóstico en ningún caso (independientemente de los ciclos de amplificación aplicados en la prueba) y que es imprescindible contar con información clínica (síntomas) pero también con pruebas de validación que descarten «el ruido» presente en toda prueba de esta características (información genética no correspondiente a virus activos de ningún tipo), se está permitiendo que a nivel global sirvan sus realización no protocolizada como prueba diagnóstica mayoritaria, sino exclusiva? Por último, ¿habiendo estado esta información disponible desde al menos el mes de abril con advertencias múltiples por parte de diversos científicos, por qué lo están reportando ahora?

A pesar de los circunloquios empleados, la nota informativa de la OMS tiene todo el sentido y el aspecto de un tardío descargo de responsabilidad institucional por lo que pueda suceder con el crédito del organismo regulador de la salud global en el caso de que una investigación sistemática y a profundidad de toda la historia del testeo covídico confirmara lo que gran parte de la comunidad científica independiente lleva meses señalando y que coincide con el propio criterio de Kary Mullis, Nobel de Medicina e inventor de la PCR cuando comentaba que su test no debería en ningún caso utilizarse para diagnosis vírica ni para cuantificación de la carga viral, y que a nivel de la detección cualitativa funcionaba tan bien que cualquier usuario podría encontrar cualquier cosa que quiera encontrar en la muestra analizada.

3 Comentarios

  1. Eli

    Gracias ALO!!! En instituciones penitenciarias aplican protocolos aberrantes para los trabajadores externos como los docentes, donde es considerado el contacto estrecho entre profesores de un mismo claustro aún no habiendo verdadera interacción física. La intromisión de cualquier artefacto artificial dentro del propio cuerpo en contra de tu voluntad con el añadido de la consciencia adquirida mediante la búsqueda de información veraz e independiente que justifican plenamente la negación a ser sometida a tal prueba, generan una emoción en el ser de indefensión, sometimiento y violencia similar a la de una violación grupal. Hoy me llamarán para intentarlo una vez más y me tendrán que escuchar

  2. Su

    En mi entorno nos piden realizar prueba semanalmente aunque nadie se haya contagiado «por seguridad y prevención» y hasta aquí puedo leer.
    Me gustaría saber si una prueba de antígenos puede ser sustituida por otra igualmente «válida» con igual resultado positivo/negativo para no sufrir este abuso de poder y no perder mi trabajo.
    Y qué tipo de facultativo debería realizar la prueba para no dañar o maltratar la zona con el maldito palito.

    Gracias

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