Balance 2020 de la gestión frente a Covid 19, por Jon Ander Etxebarria Garate

Jon Ander Etxebarria Garate es Biólogo y Decano del Colegio de Biólogos de Euskadi, con casi cuarenta años de experiencia profesional en análisis y gestión de la calidad de las aguas de consumo humano. Ha sido uno de los escasos científicos españoles que han manifestado de manera independiente, abierta y siempre con análisis basados en evidencias estadísticas su oposición a muchas de las medidas de política sanitaria y administrativas impuestas en el Estado español desde marzo de 2020. Es compañero de camino del colectivo ALO en nuestra compartida búsqueda por la verdad de lo que sucede, y nos regaló una de las entrevistas más visitadas en la red en los últimos meses. A continuación publicamos una de sus últimas reflexiones sobre la gestión pasada y actual de la pandemia en España.

 

Pasado y presente de la pandemia

El cambio de año supone una inmejorable oportunidad para repasar lo acontecido en el marco de esta pandemia desde sus inicios en el mes de marzo de 2020. Si nos referimos al pasado, lo primero que habría que decir es que la opción del confinamiento estricto no fue la solución y más generó más problemas de los que trataba de solucionar. El confinamiento no sirvió para reducir el número de fallecidos, alcanzando cifras tanto en el estado español (109 por 100.000 habitantes) como en Euskadi (139 por 100.000 habitantes) muy superiores a países como Suecia (86 por 100.000 habitantes) en los que no se realizó confinamiento alguno. Estadísticamente, la mayor tasa diaria de decesos atribuidos a Covid 19 y la mayor parte de la sobremortandad acumulada en todo el ciclo pandémico de 2020 se produjo antes de la adopción de las medidas de confinamiento estricto, tal y como un simple análisis de los boletines del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) y la revisión de las gráficas EuroMomo permiten inferir. Además de estas evidencias domésticas difícilmente rebatibles, en octubre del año pasado más de un centenar de epidemiólogos de enfermedades infecciosas y de profesionales de salud pública de todo el Mundo firmaron en Barrington una declaración en la que señalaban con absoluta rotundidad que «las actuales políticas de confinamiento (lockdown) están produciendo efectos devastadores en la salud pública a corto y largo plazo«. Antes de ellos, allá por el mes de mayo, el biofísico de la Universidad de Stanford y premio Nobel de Química en 2013, Michael Lewitt, había declarado que los confinamientos son «medidas medievales» que muy probablemente causarán más muertes que las vidas que supuestamente salvarían. Más allá de todas estas evidencias que sólo repaso de manera rápida, lo que sorprende es que en ningún momento se haya tenido en los centros de toma de decisiones de nuestra administración el más mínimo debate ni duda a la hora de aplicar medidas que están en el origen de ingentes cantidades de sufrimiento humano.

En segundo lugar hay que hacer referencia a los test RT-PCR, utilizándose esta herramienta junto con la entelequia de los «infectados asintomáticos» para adoptar todas las medidas de restricción de libertades individuales, así como llevar a una crisis económica alarmante a sectores del tejido productivo y laboral. En las épocas estacionales de la gripe, el mayor número de casos no se detecta por los test realizados sino con el filtro de la atención primaria, aplicando la diagnosis clínica tradicional y de cercanía a los pacientes. Sin embargo, para enfrentar la Covid 19, ese primer filtro esencial en la sanidad como es la atención primaria se ha visto reducido e incluso anulado. Además, la RT-PCR es una metodología con muchas incertidumbres y fácilmente manipulable en sus resultados según el número de ciclos que se apliquen. Esta metodología en ningún momento nos indica la viabilidad del virus, es decir si este es infectivo o no, mientras ese resultado no sea verificado mediante un cultivo viral. Ahora bien: ¿cuántas verificaciones con cultivos celulares se han realizado desde el mes de marzo siguiendo un procedimiento meticuloso de purificación de las muestras? Además, en caso de funcionar eficazmente, los test de PCR jamás detectarían infecciones, ya que para tener alguna infección hay que tener algún síntoma. Y sin embargo es sobre los resultados de esta prueba demostradamente inapta para detección epidemiológica y para diagnosis, y que tiene un claro sesgo en su configuración de ciclos de amplificación para la producción de falsos positivos, sobre lo que se están adoptando todas las medidas administrativas y sanitarias que venimos padeciendo. Por una parte, se eleva o se reduce de manera discrecional el número de tests aplicados, sin criterio estadístico ni epidemiológico alguno, a sabiendas de que cuantos más tests se apliquen más casos (tanto de infecciones leves como de infecciones agudas) se obtendrán en valor absoluto. Sin embargo la tasa de positivos al test sobre test realizados se ha mantenido de forma continuada entre el 5% y el 10%, por lo que los ya olvidados brotes y las cacareadas segunda y terceras olas sólo han podido ser una fabricación. Como ya he afirmado en numerosas ocasiones antes, asistimos a una pandemia de tests, no a una pandemia de origen vírico. ¿Cómo deberíamos haber actuado desde el rigor científico para poder realizar un seguimiento epidemiológico consistente? En primer lugar hay que decir que para ver una evolución de la tasa de positivos, el número de tests a realizar tendría que ser siempre el mismo; de esta manera, si realmente hubiese nuevas olas la pendiente de la curva estadística que representase esta «positividad» se elevaría de una forma vertical que superaría con creces los valores que se llevan obteniendo desde el mes de mayo. Por otra parte, resulta curioso que para algunas cosas (recomendación acerca de las distancias físicas a garantizar y sobre el uso de mascarillas) se acate al pie de la letra las orientaciones de la OMS y para otras se desprecie información de la misma OMS. Por ejemplo, en este segundo caso, habría que haber comenzado ya a dar crédito a la indicación del organismo regulador a la hora de diagnosticar una infección y/o enfermedad por Covid 19. Y es que poco antes de que terminara el año, la OMS se vio obligada a explicitar por fin que la eficacia testeadora de la prueba reina para el seguimiento mundial de Covid 19 depende de la cantidad de ciclos aplicados en su procesamiento, que lo que hay que tener en cuenta por sobre cualquier resultado son las observaciones clínicas, los antecedentes del paciente y la información epidemiológica, y que, en todo caso, hay que indicar el valor de Ct (ciclos de amplificación) en el informe que se remita al paciente. Las pregunta que surgen aquí son las siguientes: ¿Se está informando de los valores de Ct en los boletines de análisis de los test de PCR? ¿Cuál es la razón para continuar con este despropósito basado en el empleo sistemático de unos tests como herramienta esencial para la toma de medidas sanitarias y administrativas generales, cuando la propia OMS matiza su efectividad y cuando una porción significativa y creciente de la comunidad científica la está poniendo en entredicho? No olvidemos además, que la cifra de Incidencia Acumulada en total, esa que figura en la cabecera de todos los boletines sanitarios y de noticias para lograr que la población no se relaje, está claramente adulterada por el hecho de que la contabilidad de casos se realiza sobre la cantidad de resultados positivos y no sobre personas testeadas, por lo que la doble contabilidad de casos (una misma persona ha podido dar varias veces positivo en distintos hisopados y esta positividad múltiple ha engrosado la cifra total de «contagios») es un hecho comprobado y que convierte esa cifra total en una absoluta quimera, en la base estructurante de un fraude científico y administrativo.

Igualmente y dentro de las medidas ya impuestas en meses anteriores la utilización de las mascarillas es otra herramienta utilizada, y, en mi opinión, más como herramienta social que sanitaria, generando recelo e induciendo un clima de división y persecución en el seno de la sociedad. Debido a que el virus Sars Covid 2 es de nueva aparición , la OMS hizo estudios anteriormente con el virus de la gripe y dedujo que las mascarillas no prevenían el contagio. Cuando la propia OMS afirma que para la gripe la mascarilla de uso común entre la población no previene el contagio y cuando sabemos ya que el tamaño del SarsCov2 así como de otros adenovirus y rinovirus es sustancialmente menor al poro de estos filtros, cuál es la razón para que se sigan imponiendo las mascarillas utilizando además los métodos coercitivos y sancionatorios que se están utilizando?

Igualmente podemos hablar de la otra pata imprescindible del sistema de medición, esta vez de tipo diagnóstico y terminológico, utilizada en esta pandemia como es la determinación de los llamados «asintomáticos«. Igualmente y como ocurre con la PCR tampoco en este apartado se hace caso a la OMS, cuyo organismo confirma que es raro que una persona asintomática trasmita el virus (transmisión en la fuente). Y así lo especifica en su apartado preguntas y respuestas sobre la enfermedad por coronavirus Covid-19, donde se diferencia al presintomático del asintomático y se especifica que raramente un asintomático podría transmitir el virus en una manera capaz de provocar infección y luego enfermedad. La utilización del binomio asintomáticos-PCR es un error científico estructural en el abordaje político, administrativo y sanitario de esta supuesta epidemia, y en el que se está perseverando sin luz de controversia científica alguna, con sus correspondientes consecuencias tanto a nivel de recorte de libertades como de agravamiento de las condiciones socioeconómicas de la población y su patologización física y psíquica; en definitiva paralizando a la sociedad y castigando con especial intensidad a los sectores más vulnerables.

En lo que respecto al uso general de las estadísticas que fundamentan la toma de decisión, hemos podido detectar con claridad una administración cuanto menos poco escrupulosa metodológicamente en relación al número de test realizados: en julio, tras las elecciones autonómicas, incrementando el número de test para justificar la medida de la obligación de la mascarilla; en noviembre, donde en la segunda quincena se realizaron menos test que en la primera para aflojar algo las medidas de cara a al periodo navideño para evitar el hundimiento definitivo de los consumos y de la economía. Si nos atenemos a lo que se está informando por parte de las administraciones sanitarias tanto en lo referido a la misteriosa desaparición de la gripe, como a la necesidad de inocular los productos génicos experimentales que se han dado en calificar como vacunas contra la Covid, se pueden realizar nuevamente comentarios sobre la manera anti-científica y anti-estadística por la cual se continua, por parte de las administraciones sanitarias, organizaciones colegiales médicas, políticos y gobiernos, propagando una información en la que sigue prevaleciendo al igual que a lo largo de todo el 2020, la inculcación del miedo en la sociedad, intentando justificar las medidas sobre la base de una supuesta falta de disciplina de la sociedad y encubriendo la realidad de lo que ocurre tanto en el sistema sanitario, educativo y asistencial, como es la falta de recursos humanos y materiales; déficits todos que vienen de épocas anteriores. Aquí resulta notorio el que tanto sindicatos, como partidos políticos presuntamente progresistas, como los cuerpos de científicos, sanitarios, educativos, culturales están fuera de juego (haciendo reclamos poco más que sectoriales y perdiendo la capacidad de analizar el conjunto del problema derivado de las nefastas políticas aplicadas) ¿Cómo es posible, por ejemplo, que el sector educativo no sólo no haya levantado la voz contra las medidas más arbitrarias y duras adoptadas en las aulas, sino que se hayan incluso mostrado más duros que cualquier otro sector en lo que se refiere a la utilización de las mascarillas y distanciamiento social de unos niños y niñas que ya sabemos con toda evidencia científica que no son susceptibles de contraer la enfermedad de marras (o en una ínfima proporción) y que rarísimamente serían susceptibles de transmitirla? ¿Cómo es posible que no se hayan plantado maestros, profesores, personal administrativo de centros educativos de todo nivel y ámbito y asociaciones de padres y madres ante las administraciones para exigir que se pueda conciliar medidas racionales de seguridad con una vida educativa saludable, privada de miedo y en la que se puedan desarrollar actividades esenciales para el bienestar psíquico y físico de la infancia como las actividades deportivas?

En lo atinente al sostenimiento de la emergencia sanitaria y del Estado de alarma administrativa, los datos de sobremortandad (Momo y EuroMomo) así como la tasa de ingreso hospitalario están lejos de acudir a su justificación. Además conviene aquí realizar un analísis histórico sobre la pertinencia y la proporcionalidad de la emergencia, a la luz de lo actuado hasta ahora por la Administración española frente a la gripe. Si realizamos una comparativa histórica entre los valores de la Incidencia Acumulada (IA) a los 14 días y a los 10 días tanto de la Covid como de la gripe vemos que, en el caso de la campaña 2018-2019 de gripe en la gripe, desde la semana 48 (Noviembre 2018), hasta la semana 9, (Marzo 2019), la tasa de casos por 100.000 habitantes se superó con valores más altos que para la Covid 19 el período mismo período octubre- diciembre 2020, alcanzándose valores medios de 455 y máximo de 853 casos por 100.000 habitantes para la Covid 19, mientras que en la pasada gripe los valores medios fueron de 664 con un pico de 1765 casos por 100.000 habitantes, y jamás se adoptaron ni por asomo las medidas restrictivas y supuestamente protectivas que se están implementando frente a la supuesta nueva pandemia en la actualidad, aún y cuando la hemeroteca no nos permite olvidar que la gripe estacional causaba cada invierno el colapso de los centros y unidades hospitalarias de emergencia. El caso de Euskadi, que es el que he podido analizar de manera más detenida, es bastante ilustrativo. Si nos fijamos en el parámetro RO (índice infectivo) vemos que desde octubre este parámetro presenta un valor medio de 1,01, con un pico máximo de 1,27, es decir con valores propios de las epidemias de la gripe (que suelen oscilar entre 1,2 y 1,5). Si hablamos de muertes atribuidas a Covid 19, en este momento el número es de 3.032 fallecidos. Ahora bien, siendo la cifra de muertes por neumonías resistentes en Euskadi en los últimos años del entorno de 3.000, siendo la mortalidad específica atribuida a la gripe como a Covid19 idénticas (0,14%) ¿no resulta lógico pensar que ha podido darse aquí y en otros lugares un caso de solapamiento o encubrimiento de una enfermedad actual (ficticia o sobreamplificada) sobre una enfermedad previa real (o conjunto de enfermedades similares a la gripe, agrupadas terminológicamente como ILI, Influenza Like Diseases)? Saliéndonos de la península ibérica, ante las supuestas nuevas cepas de Sars Cov 2 detectadas en el Reino Unido (cepas que, al igual que como ocurre para el virus original, no han sido aisladas ni purificadas según los postulados de Koch ni cultivadas para su análisis patogénico e infectivo), tomando en cuenta la excesiva sensibilidad (y por lo tanto baja especificidad) de las pruebas PCR y frente al extraordinario hecho de la desaparición de la gripe estacional, ¿no cabe interpretar que es más que probable que las cifras de contagios por C19 en sus distintas cepas hayan estado enmascarando la ocurrencia normal de la gripe?

En este punto y más allá de esta última disquisición, absolutamente necesaria pero menor en cuanto a la evitación de los impactos socio-sanitarios efectivos, debemos realizarnos la siguiente pregunta central: ¿merece una enfermedad que causa menos enfermos un tratamiento tan desproporcionadamente distinto a aquella que causa más por el hecho de la novedad de la primera? La cosa es tanto aún más sorprendente cuanto que para la gripe, contábamos con un sistema de vigilancia consolidado y fuertemente institucionalizado durante años, y en el cual se realizaban las pruebas de detección y diagnosis clínica mediante cultivos microbiológicos celulares, con cepas ya identificadas en años anteriores y por lo tanto con una fiabilidad infinitamente mayor que la de los actuales sistemas de testeo utilizados para la Covid 19. Esta sustancial y notoria diferencia y desproporción en el abordaje epidemiológico, sanitario y político-administrativo de uno y otro virus no puede sino llamar al cuestionamiento de la cientificidad, la proporcionalidad y la pertinencia de las actuales medidas implementadas y de la inconsistencia de la respuesta desde la Administración Estado en su conjunto, sobre todo si analizamos estas medidas desde un prisma de riesgo-beneficio tanto desde el punto de vista sanitario como socio-económico.

Respecto de las vacunas, surgen varios cuestionamientos legítimos, necesarios y que por la magnitud y los impactos del evento, resulta imprescindible y urgente plantearse. Más allá de la eficacia y seguridad reales, es decir, no aquellas declaradas por la empresa tras sus ensayos, sino aquellas que están por determinarse en la inoculación masiva del producto a la población (análisis que requerirá perspectiva histórico-clínica) podemos en primer lugar preguntarnos legítima y racionalmente por la eficacia de cualquier vacuna tradicional (las basadas en vectores víricos) cuando al parecer estamos en presencia ya de mutaciones que han ocurrido al interior de un mismo período o estación epidemiológica. ¿Cómo se puede esperar eficacia de estas vacunas tradicionales con semejante multiplicación de los comportamientos fisiopatogénicos? Respecto de las llamadas vacunas de ARNm, que jamás se habían aplicado a seres humanos antes de septiembre del año pasado y que ya se vienen inoculando de manera masiva (si bien priorizada y escalonada sectorial y poblacionalmente) desde finales de 2020, podemos y debemos plantearnos todas las dudas que ya se han planteado médicos y personal sanitario de todo el mundo respecto de su confiabilidad, tanto en términos de seguridad, como de eficacia, sobre todo tomando en cuenta el ineludible hecho de que los procedimientos de elaboración y aprobación de las mismas se acortaron hasta en diez veces en relación con aquellos que se han aplicado históricamente a las vacunas, y cuando ya estamos conociendo de casos que se van filtrando en los medios de comunicación sobre efectos adversos graves (incluso letales) en población sanitaria inoculada de manera priorizada. Esperemos no haber permitido, con la aprobación y el consentimiento científico y poblacional a la inoculación experimental masiva, la ocurrencia de un episodio de iatrogenia de atroces dimensiones.

Para concluir y respecto de la gestión sanitaria actual en general, lanzo una serie de preguntas que me hago y que hago extensiva a la administración, a la comunidad científica y a la población, y que considero son perfectamente racionales y legítimas.

¿No se hubiese realizado una mejor gestión sanitaria si se hubiesen utilizado los protocolos de diagnóstico usualmente utilizados para la gripe? ¿ No se hubiese evitado una parte importante del terror social y de los subsiguientes colapsos hospitalarios (lugares donde por cierto siempre es más probable contraer una enfermedad infecciosa)?

¿ No se hubiese tenido una foto bastante más real de la infección si se hubiese sustituido el esfuerzo de testeo masivo indiscriminado por un mayor diagnóstico focalizado a población sintomática en la atención primaria? ¿ No se hubiese eliminado de esta manera de la ecuación los asintomáticos positivos no enfermos y se hubiera repercutido una incidencia acumulada no engañosa, ni adulterada ni susceptible de generar pánico y de justificar medidas desproporcionadas en incluso lesivas para la sociedad?

¿Si las cifras de mortalidad, sobremortalidad e ingresos hospitalarios atribuidos a Covid 19 están claramente dentro de rangos manejables (más allá de la sobreamplificación mediática y atiniéndonos a la estadística oficial) y si se dispone además ya de vacunas supuestamente efectivas y eficaces, por qué no se proporcionan las medidas restrictivas y se mantiene fijo un Estado de Alarma que causa un terrible impacto social?

¿Si se utilizara a futuro el mismo umbral de ratio de infectividad que no se aplicó para la gripe (y que ahora se usa para imponer medidas contra Covid19) para justificar medidas ante cualquier «brote epidémico» detectado para cualquier patógeno, qué tipo de vida nos espera?

Lo que parece claro es que, si como afirma la OMS este nuevo virus puede muy probablemente convertirse en endémico como el de la gripe, tendremos que aprender a convivir con él como siempre se ha hecho con las diferentes mutaciones estacionales de la gripe, recuperando nuestra vida normal, protegiendo a nuestros mayores, y, en especial a los que presentan patologías, reforzando la atención primaria, diagnosticando las enfermedades con suficiencia de medios y con metodologías apropiadas ( como la medicina siempre lo ha venido realizando), descartando definitivamente la tendencia a instalar una medicina virtual que está desatendiendo y subatendiendo a nuestra población, impartiendo la enseñanza al igual que en otros años, dejando a los niñ@s socializar contagiándose como siempre han venido haciendo en beneficio de su sistema inmunitario y evitándoles las secuelas físicas y psicológicas que ya les están suponiendo las mascarillas, los confinamientos y el distanciamiento social, mejorando el nivel y la calidad asistencial de nuestros mayores dentro y fuera de las residencias y en general, aportando recursos públicos a la consolidación de un sistema sanitario y de cuidados que realmente ponga a las personas (y especialmente a las más vulnerables) en el centro.

Jon Ander Etxebarria Garate

4 Comentarios

  1. Ane Miren

    Hay mucho trabajo por delante para abrir de nuevo los ojos a la sociedad.Gracias Jon Ander por tus reflexiones y afirmaciones, estudio tus artículos para poder darme respuestas a estos plantemientos y preguntas y recapacitar desde otro punto de vista cercano a mi opinión sobre esta situación crítica sin sentirme asocial.

  2. Juan Llor Baños

    Jon, buenísimo trabajo!!
    Tienes que difundirlo. Como médico (Medicina Interna), no veo motivo más que para felicitarte.
    Quizás una versión más divulgativa, pueda ser también muy buena para su difusión.

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