Bailando bajo la lluvia.

«La calle está para bailar en ella». Gene Kelly

El pasado 14 de marzo el gobierno de España declaraba el estado de alarma. La escenificación en las ruedas de prensa informativas, repletas de insignias policiales y condecoraciones militares evidenciaban la retórica de guerra extendida a toda la población:

La “guerra contra el virus”, “la guerra contra la pandemia”, “derrotaremos al virus”, “héroes y heroínas de esta batalla”, “ganaremos la batalla al virus”. El Estado le declaraba la guerra al virus. O más bien, le declaraba la guerra a los cuerpos que albergan el virus.

El estado de alarma venía pues a establecer el marco legal para desplegar la “sociedad disciplinaria”, con el único fin de gestionar la vida de las poblaciones en términos de interés nacional, pero no se pueden desligarlas medidas tomadas por el gobierno de las dinámicas privativas y punitivas que se venían implementando en los últimos años.

Presos políticos, ausencia de pluralidad de opiniones en los medios de comunicación, reformas en el Código penal y la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana o enviar raperos a la cárcel por la letra de sus canciones, demuestra hasta qué punto se han reducido en España los límites de la expresión.

Dime cómo tu comunidad construye su soberanía política y te diré qué forma adoptará tu epidemia y cómo la afrontarás. La enfermedad es una cuestión política, y su abordaje todavía más.

La política represiva del Ministerio del Interior contra las personas que no respetaron el confinamiento durante el estado de alarma, los etiquetados por los mass media de “insolidarios”, fue de auténtica mano dura y arrojó más de 1,1 millones de personas multadas y más de 9.000 personas detenidas.

Policía Nacional y la Guardia Civil, fueron los cuerpos con más actividad sancionadora ya que arrestaron entre ambos a 5.280 personas y tramitaron más de 622.000 multas. Las cifras son desorbitantes.

Convendría reparar en un detalle, el encierro indiscriminado de sectores vulnerables de la población, sin tener previstos recursos económicos para hacer viable su confinamiento, cuanto menos se puede tachar de negligente.

A nadie escapa la desastrosa política asistencial del gobierno, a día de hoy aún es incapaz de gestionar el exiguo Ingreso Mínimo Vital que presentó como medida de choque a bombo y platillo.

Pero no son las únicas multas que se han interpuesto. Si bien las cifras son mucho más opacas, se cuentan también por miles las multas interpuestas por infringir el uso obligatorio de mascarilla.

Tampoco se conocen los datos sobre el número de personas que han podido ingresar ya en prisión, como medida cautelar, por saltarse las medidas de confinamiento desobedeciendo a la policía o que estén ya cumpliendo condena. Pero los hay y será importante estar atentas en conocer cuántas personas finalmente cumplen condena de prisión por este motivo.

Pensemos además que muchas de esas personas puedan tener: problemas de salud mental, adicciones, situaciones familiares difíciles, necesidad de salir a la calle para buscarse el sustento…por lo que la entrada en prisión puede agravar esas situaciones previas.

La pandemia, en su forma de estado de excepción, favorece la creación de laboratorios de innovación social. Uno de los desplazamientos centrales de las técnicas biopolíticas que caracterizan la crisis de la Covid-19 es convertir el hogar personal en el nuevo centro de producción, consumo y control biopolítico.

No es sólo el lugar de encierro del cuerpo, como sucedió en la gestión de la peste. El domicilio deviene en centro de la economía con el teleconsumo y el teletrabajo. El paisaje vírico favorece el emergente capitalismo de plataformas.

No en vano durante la pandemia, las empresas que mas beneficio han obtenido pertenecen al sector tecnológico y farmacéutico: Microsoft, Johnson & Johnson, Google, Roche, Amazon, Pfizer, Apple, Bayer y Facebook, en la misma proporción en la que se ha destruido el pequeño comercio local de proximidad.

La consecuencia de esta mutación capitalista es la eliminación del espacio social más vital, más democrático, el más importante para nuestras vidas: la calle.

La gestión urbanística del espacio urbano en su vertiente más neoliberal se ha ido planificando desde hace décadas desde una perspectiva de lugares de tránsito. Desplazamientos laborales, zombificación de los cuerpos en circulación, zonas de consumo. El encierro tecnológico supondrá una vuelta de tuerca a ese habitar la calle.

Si el espacio público ya no es tan necesario en los desplazamientos laborales, incluso comerciales, se convierte en un lugar peligroso para los intereses económicos. De ahí la proliferación del panóptico urbano, con sus cámaras de identificación facial, sus drones y su represión policial.

La calle prefigura el campo de batalla futuro, y es ahí donde la imposición de la mascarilla alcanza su potencia simbólica, donde la ley mordaza toma cuerpo. Nunca antes en democracia se había utilizado de semejante manera el derecho sancionador, nunca antes en democracia se habían multado tantas personas en un periodo de tiempo tan breve.

Estamos moviéndonos en lógicas absolutamente totalitarias.

Relatores especiales del Consejo de Derechos Humanos de la ONU exhortaron a los Estados en el mes de marzo, apenas iniciados los confinamientos en distintos países, a evitar el exceso de las medidas de seguridad en respuesta a la pandemia del coronavirus COVID-19 y les recordaron que los poderes de una situación de emergencia no pueden utilizarse para sofocar la disidencia.

Nada más fascista que declarar la guerra a la sociedad y a la democracia, aprovechando el miedo a la enfermedad. Es pues momento de aparcar el miedo e imaginar nuevos posibles, de tejer complicidades, es tiempo de sabotajes y revueltas. Comienza la huelga humana.

Un Comentario

  1. Plandemia

    Fantástico artículo. Triste pero claro y fiel a lo que estamos viviendo. Solo añadiría la verdadera causa de las muertes: las vacunas que el Hospital de Barbastro han denunciado como posibles causantes de la mayoría de fallecimientos en geriátricos. Vacuna Chiromas (FLAUD) que Sanidad se a negado a investigar. Justo 3 meses antes del pico fueron inoculados y el virus, en 3 meses, se los llevó…

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