8/12: A vueltas con el miedito…

El miedo tiene mala prensa. Es un hecho. Desde siempre nos han dicho que no se debe tener miedo, que hay que ser valiente.

A veces lo hemos conseguido. Otras hemos andado regular. O mal.

Sea como sea no hay que darle espacio.

Debemos lanzarnos al vacío como si nada, o permanecer impasibles, o confiar, o decirnos frases tranquilizadoras para seguir.

O auto-engañarnos diciendo “prudencia”. O fracasar, sentirnos cobardes y disimular.

Bueno.

Hay otras maneras de verlo.

Te voy a contar desde mi experiencia personal y profesional, porque llevo 12 años acompañando a personas que no se manejan demasiado bien con la vida.

Dos cosas:

1. El miedo es la intensidad de la incertidumbre.

El universo es demasiado grande y tiene demasiada energía como para que podamos controlarlo todo. Y nos empeñamos en vivir tratando de saber qué va a pasar.

Puede que conozcas la historia de Scott y Amundsen. Eran dos exploradores de finales del XIX y principios del XX. Compitieron por ver quién llegaba antes al Polo Norte y más tarde al Polo Sur.

Como te puedes imaginar, en aquella época no había GPS, ni helicópteros de rescate ni radio a semejantes distancias. ¿Sabían que lo iban a conseguir? ¿Sabían que iban a regresar? No.

Y sin embargo fueron capaces de convencer a los tripulantes que les acompañarían y a las personas que les subvencionaron.

¿Cómo lo hicieron? Por un lado queriendo, realmente poniendo auténtica pasión (y también ego, no eran unos santos) en su proyecto. En segundo lugar, usando con el máximo de eficacia sus cualidades (como líderes de equipo y navegantes).

No te estoy proponiendo que te vayas con 8 perros y un trineo al Polo Sur para aprender sobre incertidumbre. Sobre todo si no tienes 8 perros.

La vida, aquí, ahora, lo está poniendo en bandeja.

El confinamiento, el oír continuamente hablar de muertes, de casos, de la hecatombe que se nos viene encima, es una gran ola de intensidad asociada a tanta incertidumbre.

Ya nada de lo que teníamos planeado podemos darlo por sentado. ¿Ése era el error?

Y no sabemos surfear esa gran ola. Se están dando cantidad de problemas de salud, física y psicológica, relacionados con nuestra poca pericia con la incertidumbre.

Seguro que tú o personas de tu entorno lo estáis notando. Aunque sólo sea en el estado anímico.

2. Si utilizamos esta intensidad como fuente de energía, podemos estar más vivos, porque la incertidumbre implica opciones. Pueden ocurrir muchas más cosas. La vida se vuelve mucho más entretenida.

Puedo sufrir por lo que no puedo controlar o puedo probar a ser los Scott y Amundsen de mi propia vida.

Cómo me maneje con esto influirá en mi sistema inmunitario y mi salud:

PD. Si te interesa este tema te recomiendo el libro “La sabiduría de la inseguridad”, del filósofo  Alan Watts. Desde el punto de vista fisiológico, arriba, sí.

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