6/12: Estar sano… ¿coser y cantar?

El otro día quedé con una amiga. Ella es actriz, así que de repente se puede poner muy teatrera, y usar la terraza de un bar como el escenario de la Ópera de París.

“Me gustaría manifestar mi descontento y decepción por el devenir de los presentes acontecimientos”

“¿Cómo?”

“Que me cago en la puta”

Vale. Es un chiste malo. Pero me hizo reír, cosa que no es poco en estos tiempos.

Luego, estuvimos de acuerdo.

Es difícil digerir que lo que antes era estar sano ahora ya no se sabe qué es.   

Ahora es difícil comprender qué significa estar enfermo. ¿Tener virus y bacterias en el cuerpo es tener una enfermedad?

Ahora ya no podemos saber si estamos sanos o enfermos, da igual cómo nos sintamos.

Aunque desde pequeños nos dijeran “si no hay fiebre, al colegio”.

Ahora voy por la calle y no sé en qué esquina voy a cambiar de estatus. Depende de con quién me cruce.

Mi abuelo tuvo una salud de hierro hasta el final. Y jamás se planteó tantas cosas.

Caminaba mucho. Pero mucho. Y hasta los 75 te podía ganar al frontón.

Comía lo justo, pero no perdonaba su copa de vino al mediodía. Y la siesta de después. No necesitaba ninguna medicación. Si se sentía un poco mal, a comer gachas de avena.

Y se iba a bailar al centro de mayores. Y tenía sus novietas. Y se reía mientras bailaba. Y cuando te veía te abrazaba. Abrazaba mucho, y se emocionaba al hacerlo.

¿Era una persona sana? Jamás le hicieron pruebas de cuántos virus o bacterias tenía encima. Ya se preocupaba él de mantener una buena convivencia con ellos.

No sé si a mi abuelo lo hubieran considerado asintomático, población de riesgo o loco de atar.

Pero como le hubieran quitado sus paseos, su copa de vino y las novietas con las que bailaba, hubiera muerto mucho antes. Y muy triste.

Vale.

Vamos a intentar usar el sentido común.

Vamos a aclarar de qué depende que tenga una enfermedad, de quién soy yo ante ella, de cómo se puede tratar lo que me impide estar bien.

También para la enfermedad que nos ocupa. Y deberíamos hacer esto extensivo a nuestros abuelos y abuelas. Porque son los que más están sufriendo de la falta de besos y de bailar. De poder coser en compañía y de cantar sus recuerdos a sus nietos. De tomar el sol sin miedo.

PD. Como mi abuelo decía: “Hay que hacer las cosas con fundamento”. Arriba.

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