12/12: He visto naves ardiendo más allá de Orión

Blade Runner es una de mis películas favoritas. En un mundo del futuro los robots realizan las tareas que los humanos no quieren hacer.

Estos robots, los replicantes, son robots biológicos e imitan tan bien a los humanos que llegan a desarrollar emociones.

Y tienen obsolescencia programada. Pero tienen emociones. Y no les hace especial ilusión lo de morir de manera planificada.

Y se rebelan.

Los humanos querrán quitarlos de en medio. Los replicantes tendrán que luchar para seguir vivos.

En la escena final, uno de esos replicantes hace un monólogo memorable. Explica por qué su vida vale la pena, por qué quiere seguir viviéndola. Su vida ha sido intensa, fulgurante, una gran aventura.

Vio naves ardiendo más allá de Orión.

No te voy a destripar más la película. Por si la quieres ver.

La paradoja es que ser replicante (robot) es ser disidente.

No querer aceptar el control y desafiar las normas establecidas por defender el derecho a la propia vida y todos los derechos que le son inherentes para disfrutarla, es ser disidente.

Estamos en tiempo de resiliencia, de acción colectiva y de escribir el guión de nuestra película, en contra de los que abusan de su poder escribiéndolo por nosotros.

Estamos en tiempos de luchar por recuperar la sensación de estar vivos. Y de darnos una vuelta por Orión. O por la plaza del pueblo. O por donde nos salga de…

Estamos en tiempos de acompañarnos en la transformación de la realidad que nos viene impuesta, en la búsqueda de otras posibilidades para establecer un pacto de convivencia más sostenible entre las personas, pero también con el planeta.

Aquí tienes nuestra defensa de los derechos a los que apelamos:

PD. Existen dos versiones de la película con dos finales diferentes. A mí me gusta más la segunda, pero mejor no te explico, para no hacer spoilers. Y claro, arriba.

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