Violencia Obstétrica: Ahora, en nombre del COVID-19

La Violencia Obstétrica (VO), como toda violencia específica hacia la mujer, se pone diferentes trajes, y se justifica y banaliza una y otra vez, para poder seguir ejerciéndose impunemente mientras tod@s fingimos que es cosa del pasado, o que ocurre otros países lejanos. Y así, consigue perpetuarse.

Aunque durante décadas, incluso su mera existencia se negó, y sus causas, y consecuencias se invisibilizaron, este tipo de violencia ha sido señalado por organizaciones internacionales como un atentado contra los derechos humanos,  un grave problema de salud pública,  y una amenaza  al derecho a la vida, la salud, la integridad física y la no discriminación de las mujeres. Se ha insistido a los gobiernos en la necesidad de poner freno a esta lacra, y compensar los daños a las mujeres que los sufren. Pueden informarse sobre el tema aquí, aquí, aquí y aquí.

Uno de los aspectos que alimenta, y mantiene lozana y fresca la VO, es que la mayoría de la población no se hace cargo de su propia salud, sino que ha transferido la responsabilidad de su cuidado a la Medicina. Así, incluso ciudadan@s muy críticos con el poder establecido aceptan sin cuestionar normas siempre que estas se vistan con el traje de “ciencia”. Pero sólo hay que echar un breve vistazo a la hemeroteca para comprobar que la ciencia es una de las maneras de entender e interpretar lo que pasa a nuestro alrededor. Muy útil, pero no es la única, ni está siempre libre de errores o de un uso tendencioso. Ha habido graves consecuencias a partir de recomendaciones emitidas en nombre de la Medicina. Hubo un tiempo en que los médicos recomendaban fumar. Se recomendó poner a los bebés a dormir boca abajo, aumentando la tasa de muerte súbita; también se recomendó alimentarlos con leche artificial, que se suponía de  mayor calidad nutricional que la humana, aunque en realidad aumenta su mortalidad y morbilidad. Hubo un tiempo en que en nombre de la ciencia se defendió que las mujeres negras no sentían dolor. La ciencia, también se ha manipulado y pervertido para justificar la superioridad de una raza sobre otra en distintas partes del mundo. También debe recordarse  el negocio de las grandes farmacéuticas, que provoca que una herramienta importante para la Medicina occidental  esté en manos de multinacionales cuyo interés no es precisamente la salud de la población.

Existe la idea de que la Medicina occidental está siempre basada en ciencia y en pruebas, mientras que todas los demás paradigmas de salud existentes en otras culturas son patrañas. Much@s están convencid@s de que siempre aplica los mejores cuidados posibles con los conocimientos que se dispone en el momento, y que está sujeta a continua reevaluación y evolución. Pero un análisis de protocolos usados a diario en hospitales españoles demuestra que algunos de los cuidados que recibimos en los hospitales y que muy pocos se cuestionan no soportan el método científico, y están contaminados por rutinas, prejuicios y opiniones ( pseudociencia, por lo tanto). Por supuesto, esto ocurre también en el campo de la Obstetricia, como incluso ha informado nuestro Ministerio de Sanidad.  Estos cuidados trasnochados que reciben las mujeres no son inocuos, sino que suponen una carga de mortalidad y morbilidad. Aún así, la mayor parte de la población valida la atención sanitaria recibida en el proceso del embarazo y del nacimiento, casi siempre queriendo entender que son necesarios en base a un bien mayor: garantizar el bienestar del neonato; aunque lo cierto es que a veces resultará perjudicado. A muchos profesionales, estas intervenciones que causan iatrogenia les aportan una sensación (probablemente falsa) de control sobre un proceso que interpretan como imprevisible y peligroso. En realidad, la manera más segura de atender un parto en una mujer sana (el 85% de las mujeres), es no interrumpir un proceso fisiológico, y reducir las intervenciones a las imprescindibles: vigilar sin invadir ni molestar.

En el contexto actual de pandemia, aparece el miedo como validador de prácticas inútiles y probablemente dañinas, en contexto sanitario. Se ponen en marcha medidas sin ciencia alguna y que se han demostrado perjudiciales, con premisas tan poco científicas como “por si acaso” o “más vale prevenir”.  En los primeros momentos Marzo- Abril de 2020, se reunieron distintas organizaciones científicas para elaborar protocolos de manejo de la diada madre-bebé durante el parto y el nacimiento. En algunos casos se recomendó la separación de ambos, evitar el contacto piel con piel o la lactancia materna. Fueron duramente criticados y  cambiados a las pocas semanas. Actualmente se acepta que la tasa de infección no es mayor cuando el bebé nace por vía vaginal (o cuando se amamanta o se permite el contacto con la madre).

Pero lo cierto es que cada servicio de Obstetricia de cada hospital, elaboró su propio protocolo de atención al parto, algunos con elementos totalmente arbitrarios e inútiles, como por ejemplo que las mujeres pariesen sin acompañante, inducir- o intentar acelerar todos los partos con oxitocina-, o acortar el expulsivo con fórceps o ventosas para que la madre no pujase. Alguna de estas prácticas nocivas se mantuvo meses, a pesar de las denuncias de algunas asociaciones de mujeres, de matronas, de las propias recomendaciones publicadas en contra del Ministerio de Sanidad,  y algunas recogida de más de 33.000 firmas de ciudadan@s concienciados sobre los derechos de las mujeres en el parto.

Este fenómeno no fue exclusivo de España, sino que ha sucedido en países de todo el mundo. La Confederación Internacional de Matronas denunció a finales de marzo que los derechos de las mujeres en el parto debían ser respetados también en la pandemia: estar acompañadas durante el parto, no recibir intervenciones innecesarias como inducciones, y poder amamantar a su bebé, entre otras.

La defensa de los derechos de las mujeres en un momento tan vulnerable como el embarazo y del parto continua. Y es que, aunque ahora se disfrace de pandemia, la Violencia Obstétrica sigue siendo VIOLENCIA.

Partera Guerrillera

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