LA VIDA SECRETA DE LAS MORDAZAS

Visto el título, es probable que hayas pensado en las mascarillas. Esas mordazas son las visibles, yo quiero hablarte de las secretas.

Las llevamos puestas en el cuerpo, como cicatrices invisibles que a veces de golpe, y otras a fuego lento, quedaron grabadas. ¿Dónde? En cualquier parte. Basta que algo de nosotrxs quiera expresarse y no tenga permiso.

Tómate un momento de recordar tu historia, de cuando apenas eras una criatura.

¿Cuántas veces, cuando algo te provocaba mucha excitación te decían “cálmate”?

Cuando el miedo te atrapaba, ¿cuántas veces te decían “hay que ser valiente”?

Con qué frecuencia alguien importante en tu vida te dijo “es lo que hay, no se puede tener todo”, “mejor dejarlo ahora, antes de que sufras”, “cómo le vas a hacer esto a tu madre”, “mejor no enfadarse, para evitar problemas”,… hay un sinfín de frases así.

Sé que esto es chocante. Se supone que nos lo dicen por nuestro bien, incluso gente que nos quiere. Y estas frases están tan normalizadas como el aire que respiramos, que, por cierto, es pura mierda.

Una de las frases más perversas que hay es: “tranquilx, no pasa nada”.

La odio especialmente.

Y es perversa por dos motivos:

Uno: Cuando te dicen “no pasa nada” en realidad te están diciendo “lo que tú percibes no es verdad, yo te diré qué está pasando”. Y así es como te enseñan a desconfiar de lo que notas. Y es así como te vuelves manipulable.

Tu cuerpo está diseñado para experimentar un montón de emociones, desear lo que le hace bien, percibir el mundo rico y diverso, y acabas necesitando que alguien te diga qué es lo que ves y sientes.

Dos: Cuando te dicen “tranquilx”, en realidad te están diciendo “apaga esa intensidad que se despertó en ti”. Y así es como te vuelves mediocre.

Tu cuerpo desaprende a cómo gestionar lo intenso, y acabas buscando “lo seguro”, lo que vas a poder controlar. Ésa es una buena manera de apagar la pasión y la voluntad.

Compramos una vida “segura” a cambio de que sea gris y previsible, con breves momentos de intensidad controlada, como estrenar un coche o tener un orgasmo de apenas unos segundos. (Hay quien ni distingue una cosa de la otra).

Y lo más grave es que esta frase nos la decimos continuamente en nuestra mente, como un mantra. Es una auto-programación. Y se la decimos a las personas que nos importan, perpetuando la cadena.

No estoy defendiendo el hedonismo a costa de que no me importe nada más que yo. Si has entendido eso vuelve a leer.

Y quiero darte una gran noticia: el Universo está lleno y tiene demasiada energía para que podamos controlarlo. El Universo es por definición intensidad. ¡Todo el tiempo están pasando cosas!

Entonces ¿qué es lo que tengo para manejarme con la vida? Lo que percibo.

No porque es “la realidad”. De verdad que no sé qué es la realidad.

Si no porque es lo que tengo.

Más uso mi percepción, más libre está de filtros y más rica es, más probabilidades tengo de percibir con más profundidad y ángulos de visión. Y por tanto, más capacidad de decidir dónde y cómo quiero estar.

Es un viaje de desaprendizaje.

Y como todo viaje, empieza con un primer paso:

Cuando lleves un rato con la mascarilla, toma 3 minutos para poner atención a tu respiración, nota qué experimenta tu garganta y tus pulmones al absorber el aire allí atrapado. Nota cómo le afecta a tu visión, a tu audición, a tu capacidad de concentración, de comunicación, y a tu nivel de energía.

Y nota si enseguida te estás diciendo “tranquilx, no pasa nada”. Si es así, sospecha.

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