La relación entre herida primal, el miedo y la sumisión.

La herida primal se define como aquella que nos fue infligida en los primeros y delicados momentos tras ser alumbrados por nuestra madre. Y consiste, básicamente, en una herida de abandono y separación.

En los hospitales se llevan acabo protocolos inhumanos, aparentemente inocentes, desde el punto de vista domesticado de un occidental, pero que no lo son tanto desde las imperiosas necesidades del recién llegado. No es necesario separar al bebé de la madre para pesarlo y medirlo, no es urgente ni necesario. Lo urgente es que esa vida recién llegada pueda sentir una continuidad respecto a lo que experimentaba dentro del cuerpo que lo albergaba.

En el útero materno nos percibíamos en fusión con el cuerpo que nos acogía. Nos sentíamos un solo ser con nuestra madre, emocional y físicamente. Con todos los órganos y estructuras en formación, recibíamos las emociones de nuestra progenitora sin ningún tipo de filtro, imprimiendo en el futuro individuo una cierta predisposición al modo en que después se desarrollará el carácter. Las membranas de la placenta nos acogían y acariciaban físicamente. Todo nuestro ser estaba contenido en el cuerpo de nuestra madre.

La experiencia dentro del útero puede ser totalmente placentera o no tan así dependiendo, tanto del estado emocional de esa mujer en cuyo cuerpo nos desarrollamos, como de sus sentimientos hacía esa vida que está gestando  y en última instancia, pero no menos importante, del estado de rigidez y/o contracción del útero.

En nuestra cultura las mujeres poseemos úteros espásticos, según el término acuñado por Wilhelm Reich. Serían úteros atrofiados debido a la represión de la sexualidad que comienza en el mismo momento del parto, negando a la criatura la experiencia inmediata del piel con piel tras el nacimiento.

La represión continúa con la domesticación mediante horarios y rutinas artificiales, externas e impuestas que buscan modificar los ritmos internos y naturales del sueño y el hambre.

A medida que una criatura crece la presión para adaptar sus ritmos y expresiones a lo socialmente correcto, que no sano, aumenta.

Así, nos vamos escindiendo de nuestros impulsos naturales internos hacia el bienestar y la autorregulación siendo sustituidos por mandatos externos impuestos por alguien que se erige en autoridad, a la que debemos complacer y agradar para ser queridos olvidando progresivamente nuestra propia guía interna.

En las niñas, luego mujeres, esta represión tiene como consecuencia principal la parálisis del útero, que deja de realizar movimientos de pulsión y permanece fijo y rígido dentro del abdomen.

Un útero rígido o espástico es un útero falto de vida. Un embrión ahí acogido no siente la danza del vientre, la vida y la pulsión vital propias de todo organismo sano.

Con este primer obstáculo se desarrollan las criaturas en nuestra cultura.

Los úteros espásticos dan lugar a menstruaciones dolorosas y partos insoportables. Todas las fibras musculares, que permanecen rígidas la mayor parte del tiempo, experimentan dolorosos calambres cuando necesitan contraerse y dilatarse, tanto para expulsar el endometrio como para ayudar al bebé en su viaje de salida al mundo exterior.

Tras una experiencia de concepción y crecimiento dentro de un útero con estas dificultades descritas puede tener lugar un parto donde la mujer se sienta libre para dejar a su cuerpo expresarse, conectada con el instinto más animal que todas poseemos, o por el contrario, puede sufrir una experiencia de parto donde es tratada como una enferma, haciéndole perder la confianza en sus capacidades innatas para parir al igual que lo hace cualquier hembra mamífera.

Obviamente el resultado de uno y otro parto dan lugar a experiencias completamente diferentes, quedando impresas en los inmaduros cerebros de las criaturas recién alumbradas. Desde una experiencia poderosa, donde la mujer se abandona a sentir y hacer lo que su cuerpo quiere expresar en estrecha colaboración mediante una baile hormonal con la criatura que va a alumbrar, dejando impresa en ambas una experiencia de fuerza y poder, a otra donde la mujer no tiene ni voz ni voto y completamente anulada e infantilizada por los profesionales que la atienden no tiene ninguna potestad de decisión ni actuación sobre los procesos que está experimentando y debe obligatoriamente obedecer a las autoridades que la acompañan para no sufrir malos tratos de toda índole a manos de esos expertos, educados para ejercer todo tipo de violencia desde el  mismo momento de su propio nacimiento.

Todos hemos sufrido partos violentos y violentados. Todos hemos sufrido crianzas y educaciones que refuerzan esa primera experiencia de temor, dolor y sufrimiento. Todos hemos sido confundidos acerca de en que consiste el amor y el buen trato. Así el refranero dicta que quien te quiere te hará sufrir, y como buenos niños obedientes reproducimos el mandato en nosotros mismos y nuestros semejantes. Los profesionales de la medicina, además, han recibido una formación que les inviste como autoridades al servicio del sistema y el orden social. Tienen como misión salvaguardar este orden donde algunos mandan y otros obedecen y todos, absolutamente todos, tienen miedo.

No hay mala fe en la actuación de estos técnicos, al menos conscientemente, hay únicamente una programación que comienza en el útero materno, tal como nos acontece a cada uno de nosotros. Estos especialistas además, reciben una formación sanitaria que les hace creer que saben absolutamente todo sobre los procesos corporales que eligen acompañar desde la profesión que han elegido estudiar y desempeñar. Y esto no es así porque quienes han diseñado los estudios que cursan los futuros médicos, enfermeras y matronas tienen intereses, y no son, nada más y nada menos, que salvaguardar un orden social basado en la dominación y la acumulación de la mayor parte de privilegios para unos pocos y que ha llevado milenios desarrollar y perfeccionar por medio de herramientas de control de la población. Desde los más burdos, basados en el asesinato y tortura de los disidentes, a estos tiempos de confusión por medio de la información.

El despojar a las mujeres de su autoridad sobre sus procesos tiene un fin y no es sobre la mujer en sí misma, aunque también, pero el objetivo final es el control sobre el fruto de la reproducción: el futuro ciudadano, que debe entrar en el molde diseñado por quienes ostentan la inmensa mayoría de privilegios, conocimientos y saberes, que han ido recogiendo de nuestros antepasados y han evitado que fuesen transmitidos intergeneracionalmente mediante el asesinato y desprestigio de las culturas y personas que los atesoraban. Véase la quema de brujas del medioevo y todos los genociodios que han tenido lugar a lo largo y ancho del planeta a través de los tiempos.

Una criatura parida de una madre infantilizada es presa fácil para la instalación de los primeros programas en el miedo: la herida primal.  El miedo ilusorio a la separación y el vacío. Ilusorio porque ha sido creado artificialmente mediante los protocolos hospitalarios que los profesionales sanitarios repiten bajo su propia programación su historia vital: “lo hemos sufrido todos y no estamos tan mal”, y la programación en los estudios realizados.

Han perfeccionado las herramientas de control social a los largo de los siglos. Cada vez menos libertad para parir, criar y educar. Es el Estado quien se apropia de las criaturas mediante la “salud” y la “educación”. Estado que obedece órdenes de instancias superiores. Son esas instancias quien poseen todo el saber y el conocimiento.

Todos sabemos que el poder y la libertad vienen del saber y el conocimiento una vez integrados. Esos que lo atesoran después de haberlo robado lo saben igual que nosotros y filtran lo que ha de llegarnos. A nosotros lo mínimo, nos quieren esclavos. Van filtrando a medida que bajamos en la cadena de mando. Así, los gobernantes estatales reciben más información, y por tanto más poder, que las últimas piezas del eslabón: los esclavos. Y así compran su obediencia, mediante privilegios obtenidos del saber que les regalan (obviamente no todo, tampoco pueden dejarles libres) y el miedo del que no les liberan.

Por supuesto, la información que nos proporcionan  a través de los medios, escuelas y universidades está deliberadamente confundida con datos ciertos y otros que no los son. El fin es construir un relato de la ciencia, la historia, las religiones, etc., totalmente confuso apoyado en algunas verdades, muchas mentiras y medias verdades con el fin de erigir un imaginario colectivo que da forma a la realidad según los mandatos de esos que no quieren perder privilegios. El miedo es una pieza clave en el diseño de esta realidad.

Detrás del miedo está la libertad.

Como funciona el miedo de la herida primal en relación a la sumisión? Todo psicólogo y terapeuta sabe que con emociones enquistadas de otro tiempo, sobre todo las infantiles, reaccionamos mediante automatismos y/o programas autoinstalados que proceden de nuestra experiencia en relación con quienes teníamos alrededor, generalmente nuestros ma-padres.

Mientras no se liberen esas emociones enquistadas que permanecen en el inconsciente, estaremos reaccionando de forma reactiva reviviendo aquellas experiencias no resueltas y no conscientes. El gran miedo, la gran herida, es la primal, es el origen y el regreso de todos los miedos. Cualquier temor con suficiente entidad te lleva a revivir otra vez ese miedo primal no consciente, que es, ni más ni menos, miedo a morir por la falta de protección del cuerpo materno. Es el terror que te hace experimentarte como un individuo separado. Es el pánico por el que entregas el control de tu vida a otros que crees que van a protegerte. Como has ido entregando a medida que crecías el control sobre tu cuerpo y sobre quien eras a cambio de obtener un querer manipulado que nada tiene que ver con el Amor.

Así, el miedo a la muerte reactiva el miedo primal, y tal como entregaste de niño quien eras a cambio de ese perverso querer, te entregas ahora en cuerpo y alma a quienes decides que deben cuidarte, entregas el poder sobre ti  mismo a otros porque no tienes el conocimiento suficiente y necesario para hacerte cargo y responsable de ti mismo. No lo tienes porque nos lo han robado, porque han asesinado a nuestr@s ancestr@s para apropiarse del mismo y dirigir nuestras vidas desde ese saber. Lo han hecho tan bien que eres tú mismo quien les entregas tu vida.

Monika Morrigan.

 

Para otro relato de la prehistoria: Casilda Rodrigañez.

Para conocer el funcionamiento energético del cuerpo y su relación con el establecimiento del carácter: Wilhelm Reich.

Para la autogestión de la salud: Eneko Landaburu.

 

 

16 Comentarios

  1. NIEVES

    Muchas felicidades Monika,

    Me ha encantado el artículo, muy bien documentado y plasmado. Con toda la crudeza inevitable de esta macabra realidad,
    cuyo único deseo es que un día, es que pase pronto esta pesadilla. Quiero creer que los bebés aún con esa barbarie y atrocidad
    que les hacen, no dejando sentir la piel de su mamá, esa unión que han tenido durante nueve meses, sea tan fuerte, que no haya
    burbuja alguna que impida saber que es su mamá. El cordón umbilical que nos une a nuestras madres, algo tiene, que seguimos
    unidos a ellas, aunque se vayan de este mundo. No quiero desmerecer el papel de un padre ni mucho menos, el amor es el mismo,
    pero en ese cordón umbilical, algo hay y nunca se rompe realmente.

    Gracias por tu artículo.

    Un abrazo.

  2. Leire Saitua

    Yo tb lo he leido muy a gusto.
    Tanto Casilda como Eneko son para mi una gran inspiracion.

    La buena noticia es q tenemos herramientas, muy buenas, de tecnologia punta, para sanar esa herida primal.

    Yo uso la Transformacion de Patrones de Resonancia.
    Estare encantada de compartirla, Monika, Nieves… con vosotras.
    leiresaitu@gmail.com

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