El valor de la edad

«La Sabiduría y la experiencia de las personas mayores es un recurso de valor inestimable. Reconocer y atesorar las contribuciones de las personas mayores es esencial para la prosperidad a largo plazo de cualquier sociedad» Daisaku Ikeda

Que el miedo se ha apoderado de muchas personas durante esta crisis sanitaria, es innegable. Se nota en las miradas de desconfianza, en la distancia física que muestran cuando alguien se acerca o en ese acto de limpiarse las manos obsesivamente.
Definitivamente nuestra sociedad ha cambiado, pero no ha cambiado de la noche a la mañana, es un cambio que ha ido dando de manera progresiva, desde que decidimos, que hacinarnos en las grandes ciudades era la solución, y que trabajar para consumir era nuestra vida.
Así, poco a poco fuimos variando acciones de cuidados ancestrales, como el cuidado de los y las abuelas de cada familia. Si echamos la vista atrás nos damos cuenta del cambio, cuando nuestros mayores vivían con nosotros, en la casa familiar hasta el final de sus días, y ahora, donde los abuelos viven solos o en esos grandes centros, que por su nombre parecieran hoteles, residencias de ancianos.
Nada más lejos de la realidad, el informe de Médicos sin fronteras que ha salido a la luz esta semana se encarga de poner los puntos sobre las ies, esos que nos negamos a mirar. Han muerto 27.359 personas mayores desde el 6 de abril hasta el 20 de junio, es nada más y nada menos que casi el 70% de personas muertas durante la crisis sanitaria.
Por tanto, ese miedo irracional, donde nos creemos el ombligo del mundo, y visualizamos nuestra puerta marcada, como en aquel pasaje de la biblia famoso, nada tiene que ver, con la marca que si tuvieron las residencias de ancianos en el momento en que “fueron abandonados sin posibilidad de derivación hospitalaria y sin asistencia adecuada de la atención primaria (…) asumiendo de facto una responsabilidad para la que no estaban preparadas, dotadas, ni protegidas.”
Sin hablar de un elemento clave, de los más importantes desde nuestra opinión, que es el cuidado y trato digno, como el dejar que las familias puedan acompañar en el proceso de enfermedad a sus mayores, o que puedan despedirse de manera digna, como les corresponde por respeto a su vida y como contenedores de la sabiduría humana ancestral.
Acompañando a esto, la falta de información a sanitarios por parte de las autoridades, como a las familias por de parte de los sanitarios, una cadena de desinformación y actuaciones negligentes, asistencia primaria nula, derivaciones inexistentes o inoportunas, falta de equipos, así como de la falta de formación adecuada y lo más importante, protocolos oportunos y humanos, sobre todo humanos, la opacidad en los diagnósticos o falsos diagnósticos derivados de los PCR que hoy en día se están llevando a cabo de manera masiva…
Estamos, sin duda, asistiendo al desmantelamiento del sistema como ya lo conocíamos, donde uno de los pilares fundamentales es la salud en el marco de una seguridad social-paraguas que protegía a todas las personas de este país.
En el horizonte cercano, como anuncian los Mass media a golpe de bombo y platillo, cual espectáculo de circo, vemos un dejavu de otro confinamiento. ¿Estaremos pues, preparados para que esto no vuelva a pasar?
La única manera de evitarlo es tomar conciencia, hacer una reflexión crítica y poner los medios para darle a nuestros abuelos y abuelas lo que realmente merecen sin escatimar recursos, ya que ellos previamente nos han dado sus vidas. Y si esto no sucediera, llamemos a las cosas por su nombre, volveremos a caer en un delito llamado omisión de socorro, lo cual tendremos que enfrentar como sociedad más temprano que tarde.

IzelSiuatl

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