Bienvenid@s al Mundo-TOC

La sociedad covídica no es otra cosa que una sociedad inmersa en el trastorno obsesivo compulsivo contra un patógeno aún indemostrado (ni aislado ni purificado). Los miedos que nos atenazaban ayer solamente a los “anormales”, hoy son pequeñeces al lado del gran miedo a la enfermedad y a la muerte experimentado por todos. ¡Nuestra antigua anormalidad para la sociedad que nos juzgaba y estigmatizaba se parece hoy tanto a la nueva normalidad covídica aceptada por esa misma sociedad! Bienvenidos pues todas y todos al Mundo-TOC que las políticas instaladas bajo el amparo de la pandemia han instalado, quien sabe hasta cuándo y hasta dónde.

¿Te imaginas cada día en la parada del autobús para acudir al trabajo, y verte obligado tener que sentarte siempre en el mismo sitio, esperando si es necesario en una segunda fila, dejando marchar el vehículo que está allí ahora mismo, para conseguir ese único sitio posible? ¿Cómo llevarías el tener que regresar cada día varias veces a casa a los segundos o minutos después de salir de ella por miedo a haberte dejado algún aparato o la luz o el gas encendidos, y no ser capaz de abandonarla sin haber realizado tareas impostergables como lavar la vajilla o hacer la cama? ¿Podrías normalizar el hecho de tener que comprenderlo y recordarlo TODO para sentirte bien, estar completamente seguro de que nada se te escapa: rebobinar una y otra vez la película que estás viendo para asegurarte que ni un pedacito de la trama se te ha escapado, repetir a tu cónyuge, familiar o amistad una misma cosa cinco o seis veces para estar seguro de que tu mensaje ha sido captado? ¿Cómo llevarías el tener que sortear en tu caminar cotidiano todos los hospitales, y todas las tapas de alcantarilla por miedo a no salir de ellos, por pánico a caer en ellas? ¿E imaginar siempre lo peor cuando la persona que esperas se retrasa mínimamente?

Podría enumerar más características de esa enfermedad, pero creo que con estas situaciones que te he descrito podrás comenzar a comprender esto que ha regido mi día a día. Y si eres capaz de comprender esto, ya puedes comprenderme a mí y a muchísimas otras personas; comprender lo que significa sobrevivir, especialmente hoy día, con un trastorno obsesivo compulsivo. Detesto la expresión TOC, pero voy a emplearla para abreviar y sobre todo para que se me/nos entendáis mejor.

He visto compañeros aquejados de este mismo mal en plena crisis, llegando a golpearse la cabeza o tirarse del pelo de la pura desesperación por querer poner un fin a la insoportable pequeña o gran situación que enfrentan en ese momento, pero que para ellos se vuelve inasumible; llegar incluso a pensar en arrojarse por una ventana, bajo un coche o pedirle a alguien muy cercano que le ayude a quitarse la vida. Y es que en el TOC, no sólo es víctima quien lo padece; las personas cercanas al enfermo sufren un calvario. Y este hecho añade un elemento adicional a nuestro padecimiento, ya que a las complicaciones propias del trastorno, se nos suma el sentimiento de culpa por la carga individual y social que suponemos. Existe así, querámoslo o no, una doble victimización, explícita o implícita, además del estigma que acompaña todo desarreglo o enfermedad psíquica. Hay muchos tipos y grados de TOC, como en cualquier enfermedad, desde lo que podríamos considerar trivialmente como una manía hasta lo que supone en la práctica una verdadera incapacidad para llevar una vida mínimamente normal y digna de ser vivida. En una mayoría de los casos y si no se aborda el problema de origen y sus manifestaciones de manera acertada, este trastorno se convierte en una espiral sin salida, un lodazal en el que cada día vas sumiéndote de manera más y más profunda y sin posibilidad de hacer pie y volver al estado de relativa “normalidad” anterior. Lo peor de este problema es que, dejado a su propia lógica, es acumulativo.

Sobre esta base de empatía básica que te invito a mantener en este breve texto, podrás ahora realizar un pequeño esfuerzo adicional e imaginar lo que nos ha tocado padecer bajo la actual crisis social y civilizatoria a quienes padecemos algún tipo de TOC. Imaginar, por ejemplo, lo que supone lavarte compulsivamente las manos por miedo al contagio de Sars CoV 2 o de cualquier otro patógeno hasta arrancarte la piel y hacerte sangrar las manos; lo insoportable que se vuelve esta dosis extra de miedo ambiental a la hora de salir de nuestras casas y realizar cualquier acto social o cualquier actividad o gestión en un espacio público: ir en transporte público, trabajar de cara al público, hacer la compra, realizar una gestión…Y qué decirte del absoluto pánico (añadido a nuestra natural fobia a los hospitales) que nos puede asaltar ente la idea de tener que hacernos atender cualquier dolencia preexistente o sobrevenida en las presentes circunstancias, con hospitales atestados de supuestas personas contagiadoras, a tenor de lo que dictamina la famosa y cuestionable prueba PCR. Desde marzo de este año, los medios de comunicación con su desatado alarmismo durante las 24 horas del día han provisto a las personas con TOC de todas las garantías para la profundización de todas las facetas del trastorno y su agravamiento. Viendo los matinales televisivos con su mórbido tratamiento de la crisis, leyendo diariamente titulares catastrofistas en todos los periódicos sin excepción, escuchando en la radio el último parte de infectados e ingresados en UCI en cada localidad, en el país y en el mundo, cualquier obsesivo compulsivo sólo puede ver reforzados y reafirmados sus temores vitales, que son a fin de cuentas los que rigen sus trastornos y sus vidas: ahora, de hecho, pasamos desapercibidos. Y es que, de repente, hoy ya no somos dementes aquellos que frotamos compulsivamente nuestras manos con geles, las cubrimos con guantes y nos procuramos una burbuja aséptica. Al contrario, de hecho, ahora somos el buen ejemplo a seguir. Antes de marzo de este año, cuando una persona con TOC pedía una funda plástica para probarse un calzado o cuando en un ambulatorio no quería tumbarse sobre el mismo papel protector de una camilla sobre el que se había tumbado antes otra persona, o cuando se negaba en los aeropuertos y arcos de seguridad a pisar el suelo descalza, era objeto de extrañeza, compadecimiento y mofa. Lo era por parte de personas que hoy viajan en coche solas y con mascarilla, que cambian compulsivamente de acera o se distancian a cuatro metros de cualquier viandante por miedo al contagio, que gritan y se enfurecen y chismorrean contra aquel joven al que se le asoma media narina por encima de la máscara, o contra aquella mujer que bajó demasiadas veces a su perro durante el confinamiento, o contra aquella familia infame que se saltó la norma del máximo de seis personas reunidas…

“Pobrecita, cómo debe ser vivir con un TOC” he tenido (hemos tenido los afectados) que escuchar por activa y por pasiva durante muchos años. El tipo de vida que se nos ha quedado instalado hoy tras 8 meses de bioterror a cuenta de la supuesta pandemia es uno donde lo patológico se ha convertido en lo normal, donde lo inasumible (como ver la respiración de los niños y niñas coartada en las escuelas por el uso de mascarillas en el aula, o abandonar a nuestros mayores a su suerte en residencias en las que han muerto masivamente debido principalmente a los malos cuidados), ha devenido lo correcto moralmente, lo imprescindible sanitariamente e incluso lo legal. La sociedad covídica no es otra cosa que una sociedad inmersa en el trastorno obsesivo compulsivo contra un patógeno indemostrado (ni aislado ni purificado). Los miedos que nos atenazaban ayer solamente a los “anormales”, hoy son pequeñeces al lado del gran miedo a la enfermedad y a la muerte experimentado por todos. ¡Nuestra antigua anormalidad para la sociedad que nos juzgaba y estigmatizaba se parece hoy tanto a la nueva normalidad covídica aceptada por esa misma sociedad! Bienvenidos pues todas y todos al Mundo-TOC que las políticas instaladas bajo el amparo de Covid19 han instalado, quien sabe hasta cuándo y hasta dónde.

Mi reflexión tiene en este final algo de sarcástica, porque el sarcasmo es la única manera de vestir la verdad una vez se ha alcanzado cierto umbral de intoxicación, de manipulación masiva y de censura social. Pero te aseguro que no contiene pizca de resentimiento ni de maldad, al contrario. Sólo las personas que hemos padecido TOC podemos realmente compadecernos ahora por nuestros semejantes aterrorizados, neurotizados y psicotizados por un clima de terror sostenido y creciente que les ha llevado hoy a ver recortados todos sus derechos y a vivir vidas lánguidas y mínimas bajo una amenaza tan perpetua como irreal. Y sólo quienes sufriendo TOC nos informamos de lo que realmente acontece en nuestro mundo, sabemos hasta qué punto nuestra sociedad es hoy una sociedad sufriente que debe encontrar alivio en la verdad y después en la comprensión y el cuidado mutuos. Ha tenido que caernos encima una supuesta pandemia y una crisis social profunda y real para confirmarnos algo muy importante: todos somos interdependientes y mi trastorno de hoy puede ser el tuyo mañana; sólo desde la comprensión podremos sobrevivir a la verdadera locura de la “nueva normalidad”.

Una superviviente llamada Towanda.

10 Comentarios

    1. Nieves

      Muchas gracias por tus palabras Javier.

      La idea de hacer este artículo, hace tiempo que la tenía…pero me asustaba un poco, pensando que algunas personas al saber esto, no me iban a rechazar, pero si verme con otros ojos. Ahora me siento muy satisfecha de reflejar una realidad que mucha gente desconoce.

      Ojalá pronto veamos esa luz que nos indique que el camino para llegar a esa nueva humanidad, está próximo.

  1. Matias

    Excelente, de verdad. Gracias por abrirte y expresar ese miedo y sobretodo por intentar ayudar a despertar a quienes están entrando en ese espiral, para que puedan salir a tiempo. Abrazo apretado y a seguir luchando por concientizar

    1. Nieves

      Muchas gracias Matias por tus palabras, me alegra que te haya gustado. Con mucha fuerza y el amor de quienes me rodeaban, salí de esa espiral. Se que el TOC, va a estar conmigo hasta el último día de mi vida, pero podemos llegar a tener una vida plena y feliz. Un gran abrazo también para ti y por supuesto, seguiré luchando.

  2. Sergio Moreno Moreno

    Muchas gracias Towanda por esta exposición tan oportuna, sincera y valiente. Muchas gracias por haber dado en el clavo con esta radiografía del trastorno psicosocial en el que ahora nos hayamos todos inmersos. En mi caso, también te confieso que sé de primera mano lo que supone vivir desde niño con una persona que padece de TOC. Y por tanto, aunque haya sido a través de un tercero, he conocido este padecimiento desde que tengo uso de razón, lo que, al final, también te lleva a padecerlo un poco por dentro, quieras o no, puesto que todo en esta vida es contagioso, y no solo los virus y las bacterias. De modo que, muchas gracias de nuevo por este diagnóstico tan oportuno y veraz del auténtico virus pandémico que nos atenaza, y para el que no hace falta PCRs ni test de antígenos ni más historias que inteligencia y corazón.

    1. Nieves

      Gracias a ti Sergio, primero por tus palabras hacía mi persona y la manera de haceros llegar mi experiencia con esta enfermedad. Si convives con una persona que tiene TOC, se del sufrimiento que has padecido, gracias a vosotros y el amor que nos dais, conseguimos avanzar en este viaje. Porque está claro, para esta situación actual de auténtico infierno que nos han impuesto, solo podemos salir con inteligencia y corazón, cosa que con tus palabras , demuestras que tienes. Un abrazo Sergio.

  3. Felipe

    ¡Gracias Nieves!

    Yo también sé lo que es vivir con ese tipo de trastornos y este mundo actual es un reflejo de ello a nivel mundial. Muy interesante tu texto en estos momentos donde, al menos yo, no he visto relacionar lo que está pasando con trastornos como el TOC o la hipocondría. Aunque imagino que eso sería lo mismo que acusarse a sí mismo, y claro, los raros somos los que vivimos como antes…

    No puedo imaginar el grado de sufrimiento que tienen que padecer los afectados por TOC ahora mismo. Pero, y a riesgo de parecer insensible, siento que la única manera de que el ser humano reaccione y salga de esa espiral de autodestrucción es precisamente esto: ponerlo al borde del abismo y empujarlo (un poquito al menos) para que despierte.

    Y si no despierta, pues… ;P

    1. Nieves

      Muchas gracias Felipe por tus palabras, me alegra que te haya resultado interesante.

      Mi mayor intención y propósito, era dar a conocer, que aquellos que sufrimos TOC, hemos sido estigmatizados por personas que hoy el terror no les deja vivir, ha tenido que llegar una supuesta pandemia imparable, para demostrar que somos mucho más fuertes de lo que ellos pensaban, que estamos muy despiertos y vivos esta nueva anormalidad con mucha mejor y más calidad de vida que todos ellos, sin el terror en los ojos y sonriendo, a pesar de todo lo que nos ha caído encima. Ellos están al borde de un abismo…pero muchos seguirán sin despertar…sin reaccionar.

      Mientras, los despiertos como tú, como yo…y mucha gente….nos podemos caer, pero volvemos a levantarnos SIEMPRE.

      Un abrazo inmenso.

  4. Excelente artículo, Towanda. Como ha comentado Felipe, yo tampoco he llegado a relacionar hasta ahora la plandemia con esta enfermedad. Sin entender mucho del tema, puesto que no soy médico ni nada por el estilo, me atrevería a decir que todos padecemos algún grado de TOC, así que la lectura de la reflexión me ha servido para recordarme que hay que concienciarse de que el peligro está ahí. Es importante practicar vida lo más saludable posible para que el problema no vaya a más, pero con experiencias y vivencias expuestas como la tuya, Towanda, seguro que se empieza a crear un mundo más tranquilo y sano. Seguimos en la lucha, compañeros. Tal como se ha dicho también por aquí, los perpetradores genocidas deben de estar sorprendidos de la cantidad de gente despierta que habita en la tierra. El falso supervirus y toda su maliciosa estructura tienen los días contados. ¡Un saludo a todos!

  5. Nieves

    Muchas gracias Argerich por tus palabras,

    Me alegra que te haya gustado, la idea de hacer este artículo, ha sido precisamente por lo que tu comentas, que la gente comprenda y conozca más esta enfermedad y a los que la padecemos que no se nos estigmatice ni pongan etiquetas, porque somos personas que pueden llegar a tener la misma calidad de vida que cualquier otra, desde luego mucho mejor que todos aquellos viviendo satisfechos y contentos con esta nueva anormalidad, como bien dices, somos muchos y cada vez más, los que vamos a terminar desmontando toda esta verdadera locura y crear ese nuevo mundo donde viviremos con armonía y paz.

    Un abrazo enorme.

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